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domingo, 29 de junio de 2014

Dorada a surfcasting...picada brutal


En la última visita a una de los buenos spots de pesca de Tarragona, la jornada me deparó varias sorpresas que a continuación os contaré.

De entrada el parte del tiempo no era muy halagüeño, todo lo contrario de cómo estaba el mar. Un ligero viento de levante que inevitablemente arrastraba una espectacular tormenta, había movido el fondo y la superficie lo suficiente, como para que aunque solo fuese un rato intentar clavar alguna dorada. Nada más salir de casa empezaba a chispear, con lo que me surgió la pregunta de turno ¿vale la pena?, tenía cebo que gastar y no lo dudé mucho.

Al llegar a la playa vi a unos compañeros que llevaban desde la tarde, como el día había estado nublado los bañistas pronto habían recogido sus cosas y se podía empezar a una hora más temprana de lo que en esta época es normal.

Los cebos que tenía para esta jornada eran, llubarré, lombriz catalana y algo de americano pequeño que me habían sobrado de un campeonato. Para iniciar la pesca diurna como ya he comentado en otras entradas, me gusta utilizar cebos blandos, en esta ocasión la catalana y el llubarré. En una de las dos Split que iba a poner en acción de pesca, utilicé el montaje habitual de una cameta de unos dos metros, en esta ocasión con una nueva línea híbrida de la casa Duel, en concreto el Quick Shot en un diámetro del 26, en la que iba empatillado un anzuelo Chinu de Mustad del número 2.

En la otra caña monté un bajo de línea con dos hijuelas, con cametas de  1.7 metros, como los que utilizo para competición, con anzuelos bastante más pequeños de los que utilizo para pescar exclusivamente doradas. En este caso eran unos Sode de Mustad del número 8, con los que esperaba clavar alguna herrera, lubina o cualquier otra especie de tamaño medio que estuviese por la zona.

Después de un rato de estar con las cañas en acción de pesca y de revisar si la morralla actuaba y limpiaba los anzuelos, cosa que no sucedía, me entretenía con el dichoso móvil hablando con otros compañeros, que andaban pescando en otra playa. Una de las veces que levanté la vista vi por el rabillo del ojo, que la caña que estaba calada con el bajo de dos anzuelos, estaba doblada como un arco y que por instantes el carrete cedía hilo. Lo primero que se me pasó por la cabeza, era que una buena anjova se llevaba algún pescadito que se había clavado o en el peor de los casos, que sencillamente me cortaría la línea sin más problema, pero que equivocado andaba…

Cuando pude sacar la caña del soporte los tirones iniciales me desconcertaron, no me imaginaba que pescado podía ser. La línea corría hacia un lado de manera acusada, eso las doradas habitualmente no lo hacen y más a unos 100 metros de la orilla. Después de una lucha muy bonita tras una espectacular picada, pude vislumbrar la enorme cola de una dorada, que hundía la cabeza contra la arena intentando soltarse del anzuelo. Con la ayuda de un compañero finalmente la puse en seco, entonces comprobé que el anzuelo venía alojado en la parte dura del morro, fuera del alcance de sus potentes mandíbulas y que para darle más lógica a la dura pelea, se había clavado del anzuelo de arriba.
Dorada de algo más de 2kg que me alegró la tarde

Está claro que el montaje no iba destinado 100% a capturar un ejemplar de este tamaño, pero sin duda la calidad de los materiales que usemos y la mano que tengamos, a la hora de trabajar las piezas serán sinónimo de victoria y satisfacción.

La tormenta no nos dejó continuar y tuvimos que abandonar la playa a la carrera, antes de que la situación se volviese más peligrosa, esta vez el acierto fue total y sin mojarme ;))


jueves, 22 de mayo de 2014

Un mal lance lo pega cualquiera...


 
Hace unas semanas me llevé una soberana sorpresa en forma de doradón, en el último lance que hacía.
Tal y como ya he ido apuntando en los últimos posts, estamos teniendo jornadas de todo tipo, desde días de ausencia total de capturas, como días en que más o menos vamos tocando algo. Las doradas siguen estando muy reacias a entrar, pero la lectura positiva que hago es que no han desaparecido, como por estas fechas y hablo a nivel particular me ha sucedido en ejercicios anteriores.
Mi compañero Carmelo y el que suscribe volvíamos a las andadas, después de varias semanas en que no coincidíamos en un pesquero. Con la entrada del viento de Levante decidimos ir a una muy buena playa, que con unas condiciones de mar agitado e incluso fuerte, nos puede brindar una de aquellas picadas de infarto, los verrugatos y las doradas si están, suelen deleitarnos con buenas cargadas en las cañas.
 
 
Con las cañas en acción de pesca la tarde discurría sin ningún tipo de señal,  la lombriz y el llubarré que eran los cebos con los que empezamos la jornada salían intactos, no era un mal indicador.
Con el paso de las horas y ya de noche una de mis cañas marcaba picada. Una de las Split que tenía cebada con llubarré se le destensaba la línea del carrete y después de unos instantes saqué la primera captura de la jornada, se trataba de un pequeño sargo de apenas un palmo que se fue devuelta al agua.
Tocaba volver a revisar los engaños ya que continuábamos pescando con cebo blando, por lo que la más mínima entrada de la morralla dejaría nuestros anzuelos al descubierto. A si que sin más dilación, los dos nos dispusimos a revisar por última vez todas las cañas que teníamos en el agua. Una mala ejecución en el lance, me hizo dejar la caña que tenía más a la derecha a poco más de 100 metros de la orilla, con la línea totalmente en diagonal, no era problema porque estábamos solos en la playa y no molestaba a nadie. Sin mucha fe me dije que no la recogía y que así se quedaba, a pesar de no estar muy convencido de que en esa distancia me entrase ninguna pieza de buen tamaño.

Mientras estábamos charlando una de las cañas de Carmelo marcaba picada y acto seguido, otra de las mías también hacía lo mismo. Uno por un lado y el otro por el otro trabajábamos sendas piezas, un par de doradas que rondaban el kilo de peso. En mitad de la recogida aprecié que la caña que estaba “mal lanzada” una Shangrila Pro, tenía el puntero demasiado recto, pero cómo estaba en diagonal pensé que era un efecto por la posición de la caña. Conforme me acercaba a dónde tenía el cebo y dispuesto a desanzuelar la dorada que acababa de sacar, una fuerte sacudida me hizo ir rápidamente a por la Shangrila.

Nada más cogerla una carrera del pez me hizo temer lo peor, ya que aunque dejé el freno con el punto justo para que no se rompa la línea, la sacudida fue bastante violenta. Después de unos largos instantes de tira y afloja, sin saber muy bien de que pez se trataba, todo apuntaba a que podía ser un buen verrugato, por las carreras hacia los lados y la violencia con la que se movía y liberaba línea del carrete. Pero para nuestra sorpresa lo que se había tragado el llubarré y el anzuelo que escondía, era una buena dorada que pasaba de los 2kg. Me hizo pasar un rato de lo más divertido y sinceramente, disfruté como hacía tiempo no lo hacía con uno de estos animales.


El llubarré es un cebo infalible si no hay morralla
A veces nos obsesionamos con lanzar a grandes distancias y es cierto, que por norma general por allí rondan los ejemplares más grandes, pero como me sucedió no siempre es así.

domingo, 13 de abril de 2014

En abril doradas mil???


Hace escasamente unos días que hemos cambiado de estación, el invierno ya quedó atrás y la primavera se abre paso con fuerza.
Otras temporadas o por lo menos asi me ha sucedido por aquí, a las doradas les quedarían los días contados para empezar a desaparecer, o no saldrían con la relativa facilidad con las que nos las encontrábamos. Este año las cosas están siendo diferentes, los meses que teóricamente debían ser los mejores, enero, febrero y marzo, han sido menos generosos, innumerables salidas, algún que otro día excepcional (http://xpescamar.blogspot.com.es/2014/03/todo-o-nada.html  http://xpescamar.blogspot.com.es/2013/12/doradas-surfcasting-un-dia-excepcional.html) y bastantes jornadas  con piezas de escaso porte (estos días así también son positivos) o capturas únicas, que tampoco está mal.
Todo apunta a que este año las pautas que las últimas temporadas se estaban dando, difícilmente se van a cumplir o asemejar, parece que como ocurre cada cierto tiempo en este 2014 habrá un cambio de ciclo. Espero que aunque los meses cálidos, no siendo mis preferidos por la ocupación de las playas por bañistas, surfistas y demás, que tienen todo el derecho del mundo a ocupar estas zonas igual que nosotros los pescadores, aquellas playas que fueron tan generosas durante la canícula de hace ya unos años, vuelvan a recuperar su atractivo, algo me dice que probablemente lo serán.

De momento y esperando a comprobar si este hipotético cambio se produce, en una playa de las que más cerca de casa tengo y de las que menos frecuento, me pude desquitar de varios días en los que de las doradas poco supe.
Era una tarde de domingo, con un sol y una temperatura casi primaverales, los primeros paseantes ya se dejaban ver y sin prisa, pero sin pausa iniciaba mi jornada de pesca, un par de horitas antes del crepúsculo.
Con la primera caña ya en acción de pesca, me disponía a cebar la segunda, cuando por el rabillo del ojo vi “algo raro”, al girarme comprobé, que la Split tenía la puntera totalmente recta y la línea destensada. Antes de cogerla para comprobar que había, lancé la segunda caña con un buen trozo de llubarré, en el que iba un anzuelo Chinu de Mustad del nº2.


Cogí la caña que estaba picada y comprobé que venía una buena dorada, después de unos instantes de tira y afloja, la pude poner en seco con  cierta dificultad ya que delante de dónde pescaba, había una zona con un palmo y medio escaso de agua, lo que me complicaba la maniobra.
Al cabo de media hora la misma caña delataba picada, tras una bonita lucha, sacaba la segunda dorada de la tarde. Todavía era de día y aún quedaba rato para que empezase a oscurecer y ya llevaba dos doradas, que rondaban los 2kg cada una, algo poco usual pero que me hacía estar de los más esperanzado.
Con la entrada de la noche no hubo cambios, nuestras amigas de la frente dorada desaparecieron, o no estaban en mi tiro o algo las espantó de la zona, yo me quedo con los segundo después de ver como salió un pagel y la dentellada que llevaba.

Algún depredador merodeaba por la zona

sábado, 15 de febrero de 2014

Lubinas en el Delta del Ebro, cuando los astros se alinean...


A punto de acabarse la temporada lubinera, este año tuvimos oportunidad de planificar unas cuantas jornadas, en busca de las reinas de la espuma en el mejor lugar que tenemos en Cataluña, el Delta del Ebro.
 Es sin duda un paraíso para los que amamos este deporte, aunque en muchas ocasiones nos presenta el lado más duro e ingrato, pero si encontramos la noche en que se alinean los astros, podemos disfrutar como nunca y eso es lo que nos sucedió a Carmelo, Jonathan y a mí.

El día escogido estábamos en plena subida de una entrada de Levante, el primero en llegar a la playa fui yo, mientras mis compañeros recorrían los últimos kilómetros con el coche, yo elegía el lugar y hacía las primeras pruebas para averiguar si había corriente o algas, algo imprescindible antes de tener todo el equipo montado y evitar sorpresas. En vistas de que el oleaje nos permitía pescar con plomos de casting de 140 gramos y las algas no estaban por la zona, acabé de montar el resto del equipo y avisar a mis compañeros de cuál era el lugar dónde estaba, la playa de los Eucaliptus.
Teníamos el agua movida, había un par de rompientes una a unos 80/90 metros y otra entorno a los 200 metros (esta segunda inalcanzable). Entre ambas había zonas de espuma que se antojaban de lo más atractivas. La primera de mis cañas se fue a la primera rompiente y las otras dos hasta dónde pude lanzarlas.
Justo cuando mis compañeros empezaban a montar, la primera de mis cañas hacía un “extraño”, por un momento pensé que el plomo había saltado por la fuerza de la corriente y la línea corría hacia la derecha. Instantes después pude comprobar, que la corriente no era el motivo, se trataba de la primera picada de lubina, que de manera muy sutil se había tragado el anzuelo chinu de Mustad del número 1, escondido bajo un buen trozo de llubarré.
 
Les indiqué a mis compañeros dónde había salido la primera y acto seguido, ya tenía otra caña picada, en esta ocasión era una de las Split surf de Kalikunnan, una caña dura pero con un puntero muy agradecido y marcador. Tras un par de carreras salía la segunda lubina de la noche, justo después de cebar la caña y dirigirme a lanzar al lugar dónde tenía la piqueta, vi que la Shangrila-Pro que tenía a la derecha y que ya había sacado la primera, volvía a delatar picada. Estaba claro que estaban muy activas y durante un buen rato, las picadas se sucedieron tanto en mis cañas, como en las de mis compañeros que poco a poco se iban acercando a la cantidad que llevaba yo.

No teníamos mar de fondo, por lo que la elección para empatillar los anzuelos  fue esta vez Hybrid de Yo-Zuri en un diámetro del 0,33 (12 lbs), los carretes cargados con línea del 0,16 y los ya mencionados plomos de 140 gramos, los de casting de 125 gramos no aguantaban la fuerza del mar.

Tuvimos una noche redonda difícil de superar, pero cuidado, no debemos olvidar que este entorno es muy complicado, acertar con el día y en que se den las condiciones ideales para la pesca es una ardua misión. Ha habido días en que el Delta nos ha echado literalmente, bien por el estado del mar, por las algas y broza que sale de los canales que vienen de los arrozales o simplemente, porque el cangrejo o la pulga ha hecho imposible la pesca, aquí el porcentaje de fracaso es muy alto y así lo hemos vivido en nuestras carnes en muchas ocasiones, no obstante tiene un imán (no solo las lubinas) que año tras año nos hace volver.

 

viernes, 3 de enero de 2014

Verrugato a surfcasting


Hay que conocer muy bien una playa, para reducir el margen de error y hacer que una jornada sea fructífera, a pesar de esto algunas veces nos equivocamos, a continuación me explico.
Cuando ya has pescado en numerosas ocasiones en un mismo pesquero, sea cual sea el estado del mar y la época del año, empiezas a hacerte una pequeña composición de cómo puede acontecer la jornada. Sabes que vientos son los que le influyen de manera positiva o negativa, si el oleaje es mayor o menor, te permitirá pescar de una u otra manera y si con ese estado del mar, el pescado que posiblemente entre será de una especie u otra. Hay innumerables condicionantes o matices, que harán que tus previsiones se cumplan o no.
Ni más ni menos, es lo que nos sucedió hace unas semanas a mi compañero Carmelo y al que suscribe. Llegamos a una playa en la que el influjo del oleaje de Levante lo hace el ideal, no se nos pasó por la cabeza, que ya hacía días que el agua estaba fuerte y que en algunas playas de la zona, este hecho hace que las algas se levanten y la pesca sea muy dura o simplemente imposible, que es lo que pasó. Con las cañas ya montadas y en acción de pesca, nos dimos cuenta que poco a poco las líneas se iban cargando de algas y que nuestros cebos se tapaban. A pesar de esto los peces estaban activos, por este motivo aguantamos una hora más. En ese rato mi compañero sacó una doradella y tuvo un par de picadas, que es más que probable que fuesen de dorada, pero después de un par de roturas de línea y ver que la cosa no mejoraba, debíamos replantearnos la jornada, una opción era cambiar de playa y la otra marcharnos para casa (que era la que yo quería). Finalmente Carmelo me convenció y cambiamos de escenario, nos desplazamos a un pesquero “de invierno”, a 30 kilómetros de nuestro destino inicial. Una playa que da doradas, pero no todos los años (este ha sido malo), pero que por el contrario da otras especies, más típicas de los meses fríos y en los que las aguas están especialmente agitadas.
Con las cañas otra vez en acción de pesca, observo que una de las Split Surf se ha quedado con el puntero destensando. Por unos instantes dudé, en si el plomo de bola de 150 gramos con el que estaba pescando se habría levantado, pero al tensar la línea salí de dudas al instante. Después de un tira y afloja, saqué una dorada de algo más de un kilo, toda una sorpresa porque dado el estado del mar era la captura que menos esperábamos.


No pasaron ni diez minutos cuando otra vez la misma caña se volvía a destensar, se repetía el ritual, esta vez tenía algo más claro que lo que venía al otro lado de la línea era una dorada. El tamaño de esta era algo más grande, pero no mucho más, se había tragado un anzuelo Chinu de Mustad empatillado con Amnesia del 5.6 (equivalente a un grosor aproximado del 0.35) evitando así que las cametas se liasen de manera innecesaria.
 Los cebos que estábamos utilizando eran llobarré y tita de palangre y con ellos, conseguimos todas las capturas de la noche.
En días así siempre tienes la ilusión de capturar aquellos peces que se te resisten, bien por que son escasos o porque para aspirar a coger uno, las condiciones tienen que ser muy concretas y esto habitualmente no sucede. Esa noche tuve la suerte de toparme con un verrugato, un pez que por esta zona es escaso y a la vez, los pocos que salen suelen ser de pequeño tamaño.
Me han hablado maravillas de ellos, en cuanto a que son una de las especies más combativas que nos podemos encontrar, este en especial no dio mucha guerra, más bien poca, pero no por ello menguó la satisfacción. Al enfocar  y verlo en la poza que teníamos delante, justo antes de sacarlo del agua la alegría fue total, ahora solo faltaba sacarlo cosa que acabó sucediendo.

 Llevaba mucho tiempo deseando capturar uno de este tamaño, pero ya se sabe, en esto de la pesca cuanto más deseas una cosa, más tiempo tardas en conseguirla. La “culpa” de que esa noche fuese redonda la tiene mi compañero Carmelo, él fue quien me convenció, gracias amigo.


Un "premio" a la perseverancia

lunes, 9 de diciembre de 2013

Doradas a surfcasting, un día excepcional


 
En una de las últimas entradas hice un pequeño inciso, de lo que me sucedió en una de las jornadas de pesca en busca de doradas, ahora ha llegado el momento de contarlo.
Era una tarde de domingo con una previsión de tiempo relativamente buena, estaba anunciada una entrada paulatina de levante, con posibilidad de que hubiese algo de lluvia.
Después de comer y de haber preparado todo el equipo, me dirigí a una de los pesqueros que mejores resultados me da. La playa estaba prácticamente vacía, había un par de pescadores a una centena de metros a cada lado de dónde yo tenía pensado colocarme y algún que otro paseante. El mar estaba en buenas condiciones, un oleaje suave con un ligero rizo ocasionado por el viento me transmitía muy buenas sensaciones.
El cebo elegido para esta jornada básicamente era el llubarré, llevaba también algo de lombriz catalana y de arenys, que le había sobrado a mi padre de un concurso. No llevar cebo duro como la tita de palangre, podía haberme supuesto un problema si la morralla hubiese hecho acto de presencia, pero esta vez no hizo falta.
Un buen rato antes de que se hiciese de noche, las cañas ya estaban en acción de pesca, más o menos lanzadas todas a la misma distancia y con el mismo cebo. Al mismo tiempo que el sol empezaba a caer y el viento a arreciar, el puntero de la primera caña que había lanzado se destensaba, era la señal inequívoca de que algo había picado. Después de recuperar la tensión en la línea, los cabezazos que me llegaban a la Split Surf dejaban poco margen de error a que pez era el que venía del anzuelo. Tras un par de carreras a escasos 30 metros de la orilla y ya en el escalón, cobraba la primera dorada de la jornada, un ejemplar que rondaba el kilo y medio (como el resto de las que salieron esa noche).
Esta captura me daba la moral suficiente, para soportar lo que se me venía encima y nunca mejor dicho. El tiempo empezó a cambiar de manera radical, la teórica entrada suave de levante, se tornó en un precipitado aumento del viento y de las nubes de lluvia. En este impasse otra de las cañas volvía a delatar otra picada, sin prisa pero sin pausa, sacaba otra dorada del mismo calibre que la anterior.
 
La playa en cuestión, nos había jugado una mala pasada a Carmelo y a mí unos días antes. Cuando lleva días azotada por el oleaje, la posidonia que hay en las proximidades se desprende, lo que dificulta o imposibilita la pesca y ese día nos tocó recoger y cambiar de playa.

En la misma proporción que iba aumentando la inestabilidad meteorológica, la actividad de los peces también crecía. No podía dar crédito a lo que me estaba sucediendo, mientras trabajaba la tercera pieza otra de las cañas empezaba a perder la tensión en la línea. No es que viniesen las líneas cruzadas, es que posiblemente otra cabezona se había tragado mi engaño.
Dicho y hecho, después de sacar la tercera y volver a lanzar la caña, me dirigí a la caña que estaba picada para seguir con la racha. Los dos pescadores que había a mi lado, ya habían recogido ante el vendaval de viento y lluvia que se había formado. Uno de ellos antes de irse se acercó a verme y se quedó perplejo igual que yo, al ver las doradas que llevaba y las que estaban picando, ya que en el rato que estuvo allí saqué otras dos, también rondando los dos kilos.

No eran las nueve de la noche y llevaba ya seis doradas, de un tamaño más que razonable. Lo curioso del caso y que a posteriori valoré, es que no cogí ningún otro pescado que no fuese dorada, cuando el estado de la mar y lo agitado que estaba ya no tenía nada que ver, de cómo había empezado. La lluvia no me amilanó y seguí durante un rato más, en la siguiente hora cogí otras tres doradas, una de ellas llevó al extremo la línea que usaba (Tsunami Pro del 0.16) y arqueó la Shangrila Pro de manera escandalosa. El margen de reacción era nulo, porque mientras veía las sacudidas que pegaba, estaba peleando con otra cabezona.
Agotados los tres llubarrés que llevaba, estuve tentado de seguir pescando con la lombriz y el areny que aún me quedaban, pero con el extraordinario botín que ya había conseguido, decidí finalizar la jornada a una hora más que aceptable y “guardar” alguna para otro día. 

En los días posteriores parece que se esfumaron del lugar, porque el resultado de algunos compañeros fue muy poco alentador. Aunque Noviembre nos tenía guardada otra jornada de locura, esta vez en el paraíso lubinero por excelencia, el Delta del Ebro.
Sin duda a base de ir, finalmente aciertas y estás en el lugar adecuado, en el momento indicado, todo un tópico pero una situación muy real. La perseverancia ayuda a que se de esta circunstancia, pero lo que nunca nos pueda faltar es la ILUSIÓN.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Doradas, comienza la actividad...


 
En las últimas semanas de octubre y en el recién iniciado noviembre, hemos podido constatar que la actividad doradera, se ha multiplicado exponencialmente.
Las próximas entradas intentaré ir desgranando, los excelentes resultados que hemos ido cosechando en esta nueva estación, que podría marcar el final de una época pobre en capturas.
En una de nuestras playas talismán se dio el pistoletazo de salida, al reencuentro con nuestras amigas de la frente dorada. Acompañado de mi mujer, decidimos salir una tranquila tarde antes del cambio horario. Para no perder las buenas costumbres, nos presentamos en la playa con un buen surtido de llobarreros y alguna tita de palangre. Este excelente cebo, se lleva el primer puesto con bastante holgura, en el casillero de capturas. No pondré en duda las preferencias de cada uno de nosotros, los hay fieles a la tita de palangre, cebo que tampoco debe faltar cuando buscamos ejemplares de cierto tamaño o cuando la morralla está muy activa.

El atardecer no nos deparó ninguna sorpresa, los cebos salían prácticamente intactos. Así que en cuanto se hizo de noche y como ellas no querían comer, era nuestro momento para hincar el diente. Nada más empezar con ello (la Ley de Murphy muchas veces se acaba cumpliendo), la línea de una de las Split Surf empezaba a perder la tensión y el puntero se ponía recto. Era la señal inequívoca, de que algún pescado se había interesado por el llubarré, dónde había escondido un anzuelo Chinu de Mustad del nº2.

 
Nada más coger la caña y dar unas vueltas al carrete, los primeros cabezazos no dejaban margen a la duda, era más que probable que se tratase de una dorada. Llegaba el momento de cederle la caña a mi mujer para que disfrutase de la pelea. Con mucho mimo fue trabajando la captura hasta ponerla en seco, una buena dorada de ración, que fue la captura más significativa de la noche. Las mabras (herreras) hicieron su entrada y la labor de continuar tentando a las doradas, se desvanecía con el paso del tiempo.
Así que con este “botín” dimos por concluida la jornada, confiando en cómo en días posteriores acabó sucediendo, las doradas estuviesen más activas, pero esto lo dejo para una próxima entrada. 

domingo, 6 de octubre de 2013

Madrugada de doradas


 
Durante las últimas semanas he estado algo desconectado del blog, no por ello he dejado de ir de pesca.
Hace unas semanas me llevé un alegrón de los grandes, porque el resultado de la noche fue mucho más fructífero de lo que me esperaba.
Dudaba a que playa ir ya que la previsión del tiempo no era la mejor, empezaba a entrar Levante y con él las nubes y un cambio sustancial del estado de la mar, por lo que las algas también podían aparecer en escena.
Mi idea era bajar a la playa al filo de la medianoche, una hora intempestiva que me permitiría aguantar hasta el amanecer y ver si las doradas, en la salida del sol estaban activas.

Antes de ir al pesquero decidí darme una vuelta por la playa, en este caso el lugar elegido era La Pineda, por lo que al tenerlo a escasa distancia de casa me fui a ver en qué condiciones estaba el mar y si la playa estaba muy concurrida. Mi sorpresa fue mayúscula cuando al llegar vi que había un concurso y que la única zona de playa que quedaba más o menos libre era la central, personalmente la que menos me gusta. Pregunté a unos conocidos que tal iba el concurso y me comentaron que al otro lado de la playa, esa misma tarde habían tocado buenos ejemplares de dorada, lo que me confirmaba que mi elección podría ser acertada.
Pasada la medianoche llegaba a la playa y tal y como ya había pensado antes, me fui directo al centro de la misma, dónde prácticamente no había nadie a mi alrededor. El incipiente oleaje de Levante me transmitía buenas vibraciones, pero como ya sabemos a veces sólo se queda en esto, porque los peces a lo mejor no están muy receptivos o porque no acertamos con la distancia a la que comen.
Monté en los carretes bobinas cargadas con Tsunami Pro en un grosor del 0,16 y los anzuelos del número 2 del modelo Chinu de Mustad. Para su empatillado usé hilo Amnesia del 3.6, dado que es sumamente dúctil y que en condiciones de oleaje nos brinda unas prestaciones excepcionales.
Después de tres horas sin actividad y en la que los cebos salían casi intactos, la primera caña delataba picada. Con la línea totalmente destensada estaba claro que algo había pasado por allí, al dar  más de una veintena de vueltas de manivela y no recuperar la tensión, cada vez tenía más claro que las anjovas (tallahams) habían hecho su primera pasada y el primer corte de línea era una realidad. En la siguiente hora y media tuve dos picadas más de este tipo, por lo que la apatía empezaba a hacer acto de presencia y la moral cada vez estaba más minada. Los cebos que llevaba esa noche eran llubarré y tita de palangre, como el primero siempre ha dado muy buenos resultados, era con el que mayoritariamente cebaba las cametas. En un lance un poco “a la aventura”, detrás de uno de los bancales que marcaba el oleaje sobre los 110 metros, tuve una impresionante picada que hizo que el carrete empezase a soltar hilo, mientras con cara de asombro esperaba a poder sacar la caña de la pica. Tras unos minutos de tira y afloja y a escasos 40 metros de la orilla, dónde apenas había treinta centímetros de agua, vi la cola de una preciosa dorada que metía el morro contra el fondo tratándose de liberar, cosa que no consiguió.

Me sorprendió un poco la cercanía a la que había tocado este ejemplar, lo que me hizo corregir los siguientes lances. Posteriormente otra picada destensaba el puntero de mi Split Surf de Kali Kunnan. En los primeros instantes pude volver a comprobar,  que se trataba de otra dorada que resultó ser muy parecida en cuanto a tamaño, de la que hacía poco más de tres cuartos de hora que había cogido.

 
Un acusado parón me hizo plantearme el recoger mi equipo e irme, pero pronto iba a amanecer  y no podía perderme tan mágico momento, aunque no me diese más pescado, a fin de cuentas ya estaba más que satisfecho con las dos piezas que llevaba. Con oscuridad total y sin todavía ver despuntar el sol, otra picada me puso en jaque, esta vez se trataba de una dorada kilera que acabó de redondear tan larga noche.

La llegada del amanecer no me ofreció ninguna sorpresa, salvo la aparición de los primeros paseantes y bañistas que me hicieron dar la jornada por concluida, con un muy buen sabor de boca.

 

jueves, 21 de marzo de 2013

De pruebas....Shangrila Test de Kali Kunnan


 
Con el paso de los días, el oasis en el que nos habíamos instalado las primeras semanas del año ha ido desapareciendo, en parte como era de esperar. Me costaba creer que la racha a la que estábamos abonados, fuese tan fructífera y duradera lo que ha cambiado en las últimas salidas de pesca. De las doradas no hemos tenido ni rastro, así que no todo van a ser éxitos y de los fracasos también se aprende… y mucho.
Las condiciones meteorológicas tampoco han jugado a nuestro favor, el frío y riguroso invierno que estábamos viviendo por momentos, parecía que se había tomado un respiro. Los vientos cambiaron y pasaron de ser de componente Norte, (fríos y secos), para rolar a vientos del Este (húmedos), que hicieron que las condiciones del mar cambiasen sustancialmente. Lluvias y fuertes temporales han sido la tónica habitual de las últimas 3 ó 4 semanas, con ligeras treguas en las que el mar no tenía tiempo para recuperarse, puesto que ya estaba preparada la siguiente borrasca de turno, para  volver a remover con fuerza los fondos.

Por estas fechas y con estos temporales, el mar se lleva lo que es suyo y a nosotros nos deja en casa, con ganas de que se estabilice y nos de opción de volver a nuestros (ahora sí) maltrechos pesqueros. Este parón obligado y necesario revitaliza el fondo marino, lo que seguro en breve nos volverá a brindar de sus frutos.

Antes de la desaparición de las doradas y del cambio de tiempo, seguí tentándolas en varios escenarios.

En la playa que tan buenos resultados nos fue dando y que ya desgrané en anteriores entradas, tuve la oportunidad de volver a probar una de las nuevas cañas que Calicó ha sacado al mercado para este año 2013: la nueva Shangrila Test de Kalikunnan. A simple vista llama la atención su puntero, extremadamente fino y que no por ello le resta potencia. Un detalle que unido a su longitud 4,10 metros, no dejará indiferente a aquellos pescadores, que decidan adquirir este excelente modelo de caña. Un puntero que con picadas sutiles de especies de escaso porte, es un chivato infalible ya que al producirse la picada, se puede apreciar como la cima en lugar de destensar, lo que hace es curvarse más, quedando en esta posición con la pieza clavada. Es sin duda una novedad a lo que hasta ahora estábamos acostumbrados, ideal para la pesca de competición, pero también muy cómoda para cuando peleamos con una buena pieza.

Esa noche el resultado de la jornada fueron tres capturas, todas ellas sucumbieron al llubarré que llevaba escondido un anzuelo chinu de Mustad del nº 1. Como el mar estaba algo agitado, utilicé para el empatillado Hibryd de Yo-Zuri de 12lbs, lo que equivale a un 0.33 de diámetro.

 
La acción se concentró en prácticamente una hora y ya de noche, la primera picada se produjo en la caña que estaba situada en el lado derecho, en un Shangrila-Pro. Después de trabajar la captura, ponía en seco una de las dos doradas de la noche (ambas estaban entre el 1.250kg y el 1.7kg).

Instantes después estrenaba la Test, debo reconocer que no vi la picada, pero la posición del puntero era mucho más marcada de su estado inicial, lo que me anunciaba que algo se había comido el cebo. Tras recoger varias vueltas del carrete, pude comprobar que venía una pieza, pero tenía todos los números para no ser una dorada. Finalmente vi que se trataba de una bonita mabra, de esas que cuando las buscas, no aparecen…

Tras reponer el cebo y volver a poner la caña en acción de pesca, no pasaron ni cinco minutos que ya había otra vez picada. La escena fue curiosa, estaba algo absorto observando el puntero y viendo la distribución de las anillas, comparándola con la caña que tenía al lado, cuando de repente zas, el puntero se empezó a curvar y ya no se movió. No hace falta que os diga, que me faltó tiempo para sacar la caña de la pica y salir de dudas. Tras una bonita lucha, salió la segunda dorada de la noche y como era una hora más que razonable, decidí dar por concluida la prueba y volver a casa para cenar.

jueves, 14 de febrero de 2013

Doradón XXL, la guinda del pastel...




Tal y como ya avancé en la entrada anterior, (http://xpescamar.blogspot.com.es/2013/02/las-doradas-mas-especiales.html), LA JORNADA del domingo nos brindó una última sorpresa. Además de por  la excepcional cantidad de piezas y el tamaño de la mayoría de ellas, una de estas sobresalía con diferencia por encima de todas las demás.
Tras la captura inicial decidimos inmortalizar la primera de las doradas, justo al lado de una de las Shangrila que teníamos en acción de pesca. Mientras mi padre “posaba” para la foto, ya me había parecido que el puntero de la caña hacía algo extraño, pero no le prestamos más atención. En el momento en que él me hacía un par de fotos, vi por el rabillo del ojo que la caña que tenía a mi lado se movía. Acto seguido, corrí a dejar la dorada que tenía en las manos dentro de la nevera, para sin perder más tiempo ir a tantear si había algo clavado. En este impase y conforme me iba acercando a la caña, pude comprobar que la línea estaba totalmente destensada.
Tras las primeras vueltas de manivela y cuando ya la línea recuperó la tensión, tuve una parada impresionante. Sin opción de recoger ni un centímetro, lo único que podía hacer era sentir como el pez que había al otro extremo, sin dar carreras, daba unos inconfundibles cabezazos. Quise cederle la caña a mi padre, pero insistió en que la trabajase yo, puesto que él hacía menos de 5 minutos que ya había sacado una. 

Estos peces una vez prendidos del anzuelo, transmiten una sensación especial, difícil de olvidar. Creo que todos los pescadores, en el momento en que sabemos que viene una captura,  intentamos  ponerle “cara” o más bien peso. Con una dorada a mi me resulta difícil, las hay que vienen bravas desde el principio y cuando ya las tienes en seco y observas su tamaño dices, parecía que iba a ser más grande. Al contrario también sucede, las hay que vienen relativamente mansas y cuando las ves en la última ola, piensas que no se corresponde con su envergadura.



Esta desde un principio, me dejó bien claro como era, no me dio tregua en ningún instante, alternaba sus habituales cabezazos con desplazamientos laterales aprovechando el oleaje, llevando al límite el equipo con el que estaba cansándola. El diámetro de la línea del carrete era del 0.15, del modelo Sunto de Kalikunnan, la cameta de casi dos metros era Hybrid de Yo-Zuri de un grosor del 0,30 y el anzuelo, un Chinu de Mustad modelo 10001 NP del número 1, oculto en un buen trozo de llubarré.
Reconozco que me puso el corazón en un puño, sobretodo cuando vi su enorme cola chapotear por encima de una ola. En ese momento pensé fugazmente, en la que había pescado hacía escasamente un mes, pero debía centrarme en sacarla del agua, antes de hacer comparaciones.
Con la ayuda de un par de olas conseguí ganar la batalla, tuve que agarrarla bien fuerte ya que el estado de la mar, me podía jugar una mala pasada. Una vez en lugar seguro, la explosión de júbilo de los dos fue increíble.
Soy consciente de que me va a resultar complicado superar semejante record, 67 centímetros y  4 kilos de peso, son un tamaño excepcional para las doradas que corren por aquí, pero mientras estás en el pesquero, nunca sabes lo que se puede enganchar de tú anzuelo.

domingo, 6 de enero de 2013

Rockfishing, pageles y besugos

Hace unos días mi mujer y yo, organizamos una salida de pesca a una cala de la Costa Brava. Los partes de tiempo no eran muy favorables, ya que daban entrada de viento del Norte (Tramontana) a partir del mediodía. Así que tocaba buscar un lugar en el que estuviésemos protegidos, para cuando entrase este frío y seco viento. No teníamos intención de madrugar, puesto que la idea era pescar en las horas centrales del día en busca de pageles, prolongando la jornada hasta después de la caída del sol.
Gracias a un buen amigo, conseguí ubicar el pesquero al que hacía muchos años que no visitaba. Después de tener ya las cañas en el agua a diferentes distancias, todas cebadas con americano y llobarré, cametas largas en fluorocarbono (Duel Carbon Fune Leader del 0,26) y anzuelos finos (Abumi y Keiryu de Mustad), sólo faltaba situar el lugar en el que nos prepararíamos una buena parrillada para comer. En jornadas de este tipo vale la pena aprovechar y más, teniendo en cuenta que la jornada se antojaba larga y fría, así que únicamente hacía falta esperar a que empezasen a haber picadas.


El lugar de pesca era ideal, lo tenía todo, desde este emplazamiento le ganábamos muchos metros al mar, además de ser cómodo para moverse, tener bien colocadas las cañas y con lugares a los que acceder al agua, en caso de tener que salabrar alguna buena captura.
Las picadas no se hicieron esperar, al cabo de un rato la primera de las cañas que había lanzado, delataba una buena picada, que por la manera de arquear me hizo pensar que se trataba de un pagel. Cuando ya lo tenía a escasos 20 metros, se fue en busca del fondo quedando enrocado. Con paciencia y dejándolo un buen rato con la línea destensada, éste finalmente acabó saliendo y cuando ví el puntero otra vez arquear era el momento de levantarlo, la primera pieza ya estaba fuera.
En sucesivos lances se repetirían los enroques y por consiguiente las roturas de línea. No acababa de encontrar la zona limpia y las referencias que tenía, de dónde debía poner los cebos eran correctas, pero con el tiempo que hacía que no iba por allí y el efecto de los temporales sobre el fondo, éste estaría más  descarnado de lo que esperaba. Lo cierto es que la elección del lugar de pesca era arriesgada y hasta que encontré la zona buena, me costó la rotura de media docena de bobinas.
Con el paso de las horas, comprobamos que los meteorólogos se habían vuelto a equivocar, pocas veces me alegro de esto. El mar continuaba plano, el agua limpia y el viento era nulo, asi que esperaba que con la caída del sol, si los pageles no entraban, los que acabasen apareciendo fuesen los besugos (aligotes).



Finalmente fueron éstos los que nos alegraron esa dura jornada, ya que los que salieron eran de buen tamaño.
Por suerte o por desgracia, yo me quedo con la primera, no nos topamos con un buen ejemplar, porque no quiero pensar como lo hubíesemos podido sacar, ante tan difícil fondo. 

Con nuevo año recién empezado, si que me topé con un ejemplar XXL, pero esto lo dejo para otro post...

miércoles, 31 de octubre de 2012

Doradas a surfcasting, no hay dos sin tres.

La primera de las tres, que fueron muy similares...
Desde este fin de semana pasado y con motivo del cambio horario, las tardes se han acortado considerablemente. Llegar al lugar de pesca antes de que anochezca, y poder aprovechar ese rato mágico entre el “cambio de luces”, se hace complicado, salvo que planifiquemos la salida de pesca  el día de fiesta en el trabajo. Días antes de que esto sucediese, organizamos una jornada en busca de nuestras amigas de la frente dorada.
El mar presentaba unas condiciones inmejorables, quizá con algo más de oleaje del que creía que me iba a encontrar en un principio, pero sin duda con un aspecto ideal. Ese día pude empezar a pescar antes de que oscureciese, por lo que comprobé en el primer lance, que todavía había restos de algas (posidonia) del fuerte oleaje que había habido en días precedentes y que se habían arrancado de un alguero cercano.

Con las cañas ya en acción de pesca, no habían pasado ni quince minutos cuando en una de ellas, una sutil picada delataba que al otro lado de la línea, alguien se había interesado por un buen trozo de llobarré. Mientras me aproximaba para coger la caña, el puntero de esta se empezó a arquear violentamente, lo que me obligó a esperar unos instantes, antes de sacarla del cañero y empezar a trabajar la pieza.
Después de unos minutos de tira y afloja, ponía en seco la primera dorada, un buen ejemplar con el que iniciaba la jornada de una manera sensacional.

Siempre que puedo, utilizo cebos blandos si la morralla no está activa. Gusanos como la lombriz catalana, el llobarré o incluso la funda, me han dado excelentes capturas, siempre que las condiciones han sido las propicias.

Al cabo de un buen rato y después de un período, en el que la única actividad que hubo fue la captura de un par de mabras (herreras), otra bonita picada me aceleraba el pulso durante un rato. El resultado, otra buena dorada muy similar a la primera, que esta vez había sucumbido a un canuto de tita, en el que había escondido un anzuelo modelo Chinu del nº 4, de la marca Mustad.


Un buen canuto de tita, alternativa al cebo blando
 
Una vez cebada y vuelta a lanzar, al poco de estar en el agua, la otra caña volvía a delatar picada. Con la típica destensada de línea, lo primero que pensé fue que sería otra mabra, similar a las que había cogido anteriormente. Nada más lejos de la realidad, cuanto tuve la caña en la mano noté que no era una herrera, los inconfundibles cabezazos la delataban, era otra dorada.

Con esta última captura, decidí dar por concluida la jornada a una hora prudencial, con un botín que no siempre se suele conseguir. En este tipo de pesca, son más los días en los que vuelves a casa de vacío o casi, que días con resultados como este.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Lubinas estivales


Con las playas todavía repletas de bañistas, no nos queda más remedio que amoldarnos a unos horarios de pesca y en mi caso, más cortos. Tener las cañas en acción de pesca antes de las 21 horas, es complicado y tampoco es cuestión que teniendo que madrugar  al día siguiente, alargar demasiado la jornada.
Las últimas salidas a surfcasting han ido encaminadas, a encontrarnos con las doradas. Dar con ellas y hacer varias capturas en una misma jornada, este año lo podríamos calificar como una hazaña. Mi compañero Carmelo y yo volvimos a una de las playas, que en años anteriores por estas fechas ya nos había dado buenos ejemplares.
Iniciamos la jornada pasadas las 21 horas cuando ya no había veraneantes, unas cañas lanzadas a larga distancia y otras, en lances por debajo de los 100 metros. El motivo de poner alguna caña en una zona más cercana a la orilla, no era para probar. Días atrás, un pescador había cogido varios ejemplares aproximadamente a esta distancia, por lo que nos preguntamos, ¿porqué no probar?.
Después de un buen rato sin ningún tipo de actividad, ni cerca ni lejos, mi compañero tuvo una buena picada. Era la caña que estaba cerca y que iba cebada con un trozo de llobarrero. Pasados unos instantes y después de un par de carreras, lo que en principio apuntaba a que iba a ser una doradella (la luz del frontal nos hizo despejar las dudas), apareció una lubina que pasaba del kilo. Sin duda fue una captura inesperada ya que el estado del mar, que se había ido aplanando conforme el viento amainaba y la escasez de oleaje, nada nos hacía pensar que las lubinas iban a estar por allí.
 
En vista de esta sorpresa y del poco éxito que estábamos teniendo con el cebo duro (tita de palangre), decidimos variar la estrategia y buscar a su pareja. A los pocos minutos era una de mis cañas la que delataba una picada. Por el cabeceo nervioso del puntero y por la anterior captura, nos confirmaba que iba a ser otra lubina. La escasa lucha que presentan estos animales, contrasta con la de otras especies, pero te llena de satisfacción el hacerte con tan esquiva especie.
Días después volvimos al mismo escenario ya que el mar estaba agitado, con oleaje fuerte, lo que nos abría un abanico de posibilidades y la opción de encontrarnos con otras especies (lubinas, doradas, verrugatos). Pero nuestro empeño resultó infructuoso y nos fuimos tal como vinimos, así es la pesca…

martes, 10 de abril de 2012

¿Que playa elegir?

En muchas ocasiones y antes de elegir el pesquero, generalmente a surfcasting, siempre vuelven a rebrotar toda una batería de preguntas. Surgen en el mismo momento, en que se me ocurre ir a pescar y me planteo la siguiente cuestión ¿a qué playa voy?.  Si salgo de pesca solo, me “ahogo” en un mar de dudas antes de decidirme, ¿habrá mucha gente pescando?, ¿estará bien la arena para lanzar?, ¿encontraré muchos enganches?... Al final, siempre acabo valorando y decidiendo en base a argumentos tangibles, como estará el mar, el viento que va a hacer (el tiempo en general), el tipo de pescado que voy a buscar (en cuanto a especies) y claro está, los resultados que he tenido con esas mismas condiciones en otras ocasiones. Por lo que finalmente, muchas de esas incógnitas iniciales, poco a poco se van despejando.
Acertar con el lugar es un poco complejo, ¿cuántas veces hemos tenido una buena jornada y al día siguiente en igualdad de condiciones, no hemos tenido ni una sola picada?
Personalmente intento no obviar, ninguna de las apreciaciones que he hecho algo más arriba (predicción, tipo de pesca, etc.). Una vez he confeccionado una lista de las posibles playas, me quedo con la primera que me vino a la cabeza, sin más. Unas veces funciona, en otras sin embargo, irremediablemente no.

La jornada empezó como casi siempre, con la consiguiente llamada de teléfono a mi compañero de fatigas. Después de cuadrar algún que otro fleco, el primero en llegar a la playa (La Pineda) aún de día fui yo. Sin prisas repetía el ritual, tal y como iba montando cañas, sucesivamente las iba poniendo en acción de pesca. En el tiempo que tardaba en desliar una bobina y volvía a echarles un vistazo a las cañas, la primera ya estaba con la línea destensada. No hacía ni media hora que estaba en la playa y ya me encontraba peleando, con lo que finalmente fue una preciosa dorada. Esta se tragó un trozo de llobarrero, en el que había escondido un anzuelo del nº 1, del modelo Chinu de Mustad. Como era de día, utilicé para el empatillado el H.D. Carbon Fune de Duel, con un grosor del 0.28.
Conforme se iba echando la tarde el viento arreció, por lo que los lances eran a menor distancia. Sumando a esto la escasa actividad, la revisión de los cebos se espaciaba más, así que después de estar charlando durante un buen rato, decidimos hacer un repaso de los mismos por si acaso. Mientras me acercaba a mis cañas, una de ellas parecía que perdía la tensión en la línea. Unos segundos de espera, me confirmaban la típica y sutil picada de otra preciosa dorada. Después de las fotos de rigor, se cumplió el dicho de que no hay dos sin tres. Minutos después una espectacular picada, delataba que “algo” se había pinchado con un buen Abumi, que aguantó los cabezazos y carreras de otra buena dorada. Con esta última captura, dábamos por finalizada la jornada, que podríamos haber prolongado algo más, pero la entrada de algas y un resultado sin duda excepcional, nos hizo dar por satisfechos.

No obstante en otras ocasiones de camino a casa, cuando la jornada no ha ido bien, me surge siempre la misma cuestión, ¿y si me hubiese ido a esta otra playa?¿Os ha sucedido alguna vez?...

miércoles, 28 de marzo de 2012

Surfcasting, seguimos con las doradas

 

Sorprendente me está pareciendo la racha de capturas, con la que hemos empezado el año. Siempre me aplico el dicho, de que las cosas no son como empiezan, sino como acaban y debo reconocer que en algún momento esta racha se acabará... o no.
Sin estar en la mejor época para capturarlas, como ya he comentado en algún que otro post, siguen saliendo en muchas playas, no todos los días, pero en la gran mayoría y si las condiciones del mar son las idóneas, estas acaban dando la cara.
Me imagino que muchos de nosotros, tenemos la suerte de compartir jornadas de pesca con compañeros, que generalmente por experiencia acaban siendo grandes conocedores de buenos pesqueros. Según el viento que sopla y como está el mar, tienen muy claro cuales serán las mejores playas, en las que probar suerte en busca de estas caprichosas glotonas, en este caso la experiencia es un grado. Afortunadamente en los últimos tiempos y gracias a estos compañeros, me he impregnado de estos valiosos conocimientos, además de las pruebas que yo he hecho por mi parte, que como os podeis imaginar no siempre dan resultado, pero cuando lo dan, la satisfacción es sumamente grande.

Que os puedo contar a muchos de vosotros que no sepais. Cuando después de tener las cañas en el agua durante un buen rato y hacer una primera revisión, los cebos aparecen tal y como los hemos lanzado es un buen indicativo, no hay morralla. Sólo nos queda esperar a la hora crítica, aquella en la que la primera caña se destensa y delata que empiezan a pasar.
De repente nuestra actividad y la de nuestros compañeros se acelera y son esos momentos, los que en parte hacen tan especial este tipo de pesca, lenta, de espera.

En cada zona todos los pescadores tenemos nuestras preferencias, a todos los niveles, pero en cuanto a cebos los hay que son infalibles para determinadas especies. Al inicio de la jornada y de día, me gusta pescar las doradas con llobarrero, si la morralla me lo permite me da mucho juego, eso si, el precio de este anélido no es económico. Si los pezqueñines no dan tregua, la tita de palangre soluciona el problema.
Anzuelos tipo chinu de la marca Mustad, empatillados para pescar de día con fluorocarbono y una vez ya al atardecer, si necesito cambiarlos, utilizo una línea híbrida de Yo-Zuri, un hilo relativamente económico, que gracias  a un conocido y después de probarlo, ya no falta en mí equipaje.

Aquí está una selección de fotos, de las capturas que hemos conseguido en las últimas salidas a surfcasting.
Desde roca y embarcación también hemos hecho diabluras, con diferentes resultados, pero hoy no toca hablar de ello.