Hacía ya mucho tiempo, que no me topaba con ejemplares de sardo de semejante tamaño. El día anterior me había ido de excursión al Delta del Ebro, creo que de todas las veces en que he bajado este año, el mar reunía las mejores condiciones para tentar a las lubinas, rompientes a varias distancias, espuma, agua turbia, ausencia de algas, vamos que lo tenía todo, pero la jornada se tradujo en un solemne fracaso. En varias horas de pesca no tuve ni una picada, así que recogí mis bártulos y sin apenas haber gastado nada de cebo me marché para casa.
Al día siguiente y viendo que el mar estaba en condiciones similares, asesorado por un compañero me decidí por ir a una playa (La Pineda), en la que con el mar batido por el levante y algo resguardado por el puerto de Tarragona, se pueden dar buenas capturas.
Una vez en la playa, puede observar que había bastante oleaje y algunas rompientes, lugares idóneos para tratar de buscar algún pescado de suerte, como una lubina o un verrugato.
Una vez con las cañas en el agua, pude comprobar que no había corriente y que se podía pescar perfectamente con plomos de casting y líneas finas.
Al poco rato de empezar ya tuve la primera picada, síntoma de que podía ser una noche con bastante actividad, como al final resultó siendo. La primera pieza fue un sardo, que se había tragado un canuto de tita, un cebo que esta noche fue el que mejor funcionó.
Durante un buen rato las picadas fueron constantes y las capturas se sucedieron, mabras, sargos y cuando estos cesaron un poco su actividad, salieron unas cuantas doradellas que estaban entorno al kilo.
Con el agua batida me decidí por empatillar los anzuelos, con cametas de un grosor del 0,33 utilizando para ello el Hybrid de Yo-Zuri, que resulta bastante dúctil y que me está dando buenos resultados. Los anzuelos que monté, dado los diferentes cebos que iba a utilizar (llubarrero, tita de palangre y gusano de tubo), fueron los modelos Chinu y Abumi de Mustad.
Una jornada que me hizo recuperarme del batacazo del día anterior.
