jueves, 24 de octubre de 2013

Port de la Selva, una jornada de rockfishing


 
Durante las pasadas vacaciones, pudimos disfrutar de una jornada a rockfishing, en una de las zonas más privilegiadas del litoral catalán, la Costa Brava norte.
Aprovechando unos días de descanso en Cadaqués y ante la cercanía de un buen lugar de pesca como es la población del Port de la Selva, decidimos aventurarnos a ver que nos depararía una jornada matutina, en busca de cualquier especie que se cruzase en nuestro camino.
 

Después de unas cuantas paradas, decidimos el enclave dónde nos íbamos a pasar las próximas horas. Se trataba de un lugar accesible, cómodo y que siendo sincero, inicialmente no apostaba que nos diese el resultado que al final nos acabó dando, no por el tamaño de las capturas, pero si por el rato tan divertido y la espectacularidad de alguna de las picadas.
El recuerdo de esta zona en la que ya había estado pescando anteriormente, era que sus afiladas piedras, tanto en el interior del mar como en tierra, hacían que la merma de material fuese considerable, sin perder de vista también que un traspié te podría ocasionar un serio disgusto.
Por lo tanto opté por arriesgar con dos de las cañas, así que mis dos Marsico iban a trabajar una zona rocosa con algunos claros cercanos, con un aparejo de plomo corrido, al que iría unido un anzuelo chinu de Mustad del número 4 con un buen americano.

 
La otra caña que decidí montar fue una telescópica de 4.5 metros, concretamente  una antigua Adriática de la marca Renzo Valdieri, con la que en mí época de rockfisher había disfrutado de lo lindo, viendo como se arqueaba cuando un buen tordo, buscaba su agujero o el algar cercano, la historia se volvía a repetir pero los protagonistas iban a ser otros…

Con esta última caña busqué una zona limpia, exactamente la entrada a una pequeña playa en la que a escasa distancia, había alguna que otra piedra. El montaje fue muy parecido al que había utilizado con las otras dos cañas, plomo corrido de menor tamaño debido a la acción más contenida de la telescópica y una cameta de casi dos metros, esta vez utilicé para el empatillado fluorocarbono del 0.25mm al que uniría un anzuelo Sode a Mustad (H.D. Carbon Fune de Duel), por tratarse de pesca diurna y en zona de arena.

Un fondo rocoso lleno de vida
 
No transcurrió mucho rato cuando la Adriática delataba la primera picada, un ligero y continuo tintineo del puntero, al que siguió una buena carga, me hicieron tomar la caña y trabajar la primera pieza. Se trataba de un bonito sargo, que no dejó pasar la ocasión de llevarse un buen almuerzo. Volví a lanzar aproximadamente en la misma zona, mientras en las cañas que tenía más a la izquierda y pescando en fondo más rocoso, la actividad era prácticamente nula, salvo alguna picada de raspallones o vidriadas, la misma caña volvía a tener algo al otro lado de la línea. Esta vez la picada fue violenta y la caña se empezó a arquear rápidamente, al ser un caña blanda el efecto era espectacular. Un pagel había sucumbido al engaño, no sería el último, ya que las siguientes capturas fueron de la misma especie y en la misma caña. Es alucinante como pelean estos animales y no me deja de sorprender, que no siendo la mejor época del año para ir en su busca, aparezcan de manera tan precoz y con relativa abundancia.

Insisto en que no hubiese apostado nada, por ese minúsculo y cerrado lugar de la playa, en el que creía que no pasaría ni un pescado, pero cuando se pesca hay que probarlo todo…



 

domingo, 6 de octubre de 2013

Madrugada de doradas


 
Durante las últimas semanas he estado algo desconectado del blog, no por ello he dejado de ir de pesca.
Hace unas semanas me llevé un alegrón de los grandes, porque el resultado de la noche fue mucho más fructífero de lo que me esperaba.
Dudaba a que playa ir ya que la previsión del tiempo no era la mejor, empezaba a entrar Levante y con él las nubes y un cambio sustancial del estado de la mar, por lo que las algas también podían aparecer en escena.
Mi idea era bajar a la playa al filo de la medianoche, una hora intempestiva que me permitiría aguantar hasta el amanecer y ver si las doradas, en la salida del sol estaban activas.

Antes de ir al pesquero decidí darme una vuelta por la playa, en este caso el lugar elegido era La Pineda, por lo que al tenerlo a escasa distancia de casa me fui a ver en qué condiciones estaba el mar y si la playa estaba muy concurrida. Mi sorpresa fue mayúscula cuando al llegar vi que había un concurso y que la única zona de playa que quedaba más o menos libre era la central, personalmente la que menos me gusta. Pregunté a unos conocidos que tal iba el concurso y me comentaron que al otro lado de la playa, esa misma tarde habían tocado buenos ejemplares de dorada, lo que me confirmaba que mi elección podría ser acertada.
Pasada la medianoche llegaba a la playa y tal y como ya había pensado antes, me fui directo al centro de la misma, dónde prácticamente no había nadie a mi alrededor. El incipiente oleaje de Levante me transmitía buenas vibraciones, pero como ya sabemos a veces sólo se queda en esto, porque los peces a lo mejor no están muy receptivos o porque no acertamos con la distancia a la que comen.
Monté en los carretes bobinas cargadas con Tsunami Pro en un grosor del 0,16 y los anzuelos del número 2 del modelo Chinu de Mustad. Para su empatillado usé hilo Amnesia del 3.6, dado que es sumamente dúctil y que en condiciones de oleaje nos brinda unas prestaciones excepcionales.
Después de tres horas sin actividad y en la que los cebos salían casi intactos, la primera caña delataba picada. Con la línea totalmente destensada estaba claro que algo había pasado por allí, al dar  más de una veintena de vueltas de manivela y no recuperar la tensión, cada vez tenía más claro que las anjovas (tallahams) habían hecho su primera pasada y el primer corte de línea era una realidad. En la siguiente hora y media tuve dos picadas más de este tipo, por lo que la apatía empezaba a hacer acto de presencia y la moral cada vez estaba más minada. Los cebos que llevaba esa noche eran llubarré y tita de palangre, como el primero siempre ha dado muy buenos resultados, era con el que mayoritariamente cebaba las cametas. En un lance un poco “a la aventura”, detrás de uno de los bancales que marcaba el oleaje sobre los 110 metros, tuve una impresionante picada que hizo que el carrete empezase a soltar hilo, mientras con cara de asombro esperaba a poder sacar la caña de la pica. Tras unos minutos de tira y afloja y a escasos 40 metros de la orilla, dónde apenas había treinta centímetros de agua, vi la cola de una preciosa dorada que metía el morro contra el fondo tratándose de liberar, cosa que no consiguió.

Me sorprendió un poco la cercanía a la que había tocado este ejemplar, lo que me hizo corregir los siguientes lances. Posteriormente otra picada destensaba el puntero de mi Split Surf de Kali Kunnan. En los primeros instantes pude volver a comprobar,  que se trataba de otra dorada que resultó ser muy parecida en cuanto a tamaño, de la que hacía poco más de tres cuartos de hora que había cogido.

 
Un acusado parón me hizo plantearme el recoger mi equipo e irme, pero pronto iba a amanecer  y no podía perderme tan mágico momento, aunque no me diese más pescado, a fin de cuentas ya estaba más que satisfecho con las dos piezas que llevaba. Con oscuridad total y sin todavía ver despuntar el sol, otra picada me puso en jaque, esta vez se trataba de una dorada kilera que acabó de redondear tan larga noche.

La llegada del amanecer no me ofreció ninguna sorpresa, salvo la aparición de los primeros paseantes y bañistas que me hicieron dar la jornada por concluida, con un muy buen sabor de boca.

 

miércoles, 21 de agosto de 2013

Rockfishing, "para muestra un botón..."

 

Con esta entrada hago un viaje a un pasado no muy lejano, en el que por diferentes motivos, la técnica de pesca que más practicaba era el rockfishing y que en algunas ocasiones, nos brindaba capturas excepcionales.
Recuerdo con especial ilusión, aquellas jornadas de pesca matinales en los espectaculares acantilados de la Costa Brava, en lugares como Begur, Tamarit, S’Agaró, Lloret de Mar etc. 
Unas jornadas que intentábamos planificar al milímetro y en las que procurábamos, que no quedase ningún cabo sin atar.
 
Un buen pescador y conocedor de toda esta zona, me dijo un día que para frecuentar estos pesqueros tenía que haber nieve en las montañas,  algo que con el paso del tiempo y después de muchas excursiones acabamos por entender. A su manera lo que me quería decir, es que debíamos ir en los meses más fríos.
El lugar ya lo he mencionado en otras entradas, se trata de un pesquero ubicado en Begur, una atalaya en toda regla, dónde se realiza un rockfishing extremo. Un lugar al que es mejor acudir acompañado y dónde cualquier error se podría pagar muy caro. Fotografiar aquí una pieza de buen porte,  requiere del uso de los mejores materiales, además de que para ello la Diosa fortuna, también tiene que estar de nuestra parte.
No se a vosotros, pero a mi a veces en esto de la pesca me pueden más las ganas que el sentido común, así que un día en que la méteo iba a ser la perfecta, decidí irme yo solito a este alejado pesquero.
Llegué en uno de los momentos clave, con el tiempo suficiente para tener las cañas preparadas un rato antes de que el sol empezase a despuntar.
Los equipos que habitualmente utilizaba en estas jornadas eran, mis inseparables cañas Marsico (Renzo Valdieri) de 4 metros con los punteros duros, los carretes Scepter (Tica) cargados con un monofilamento del 28, con un puente del 0.40 para que soportase el lance.
El montaje era de plomo corrido al final del cual, iba un anzuelo Mustad del nº2 del modelo Chinu, empatillado con un fluorocarbono del 0.30 ya que la pesca iba a discurrir en horario diurno.
El cebo que nunca podía faltar era el cangrejo ermitaño, lo complementaba también con algún que otro anélido, como podías ser la rosca (gusana de veta),  americano y en alguna ocasión llubarré.

Con las cañas en acción de pesca ahora sólo hacía falta esperar, que alguna de las muchas especies querenciosas de esta zona, quisiesen darse un buen desayuno. En este lugar, antaño solían capturar dentones (no excepcionalmente), buenas doradas, cabrachos, pargos y un gran número de otras peces, que no alcanzan tamaños tan grandes, como pueden ser sargos, tordos, vidriadas, etc.

 
Ahora resulta complicado hacerse con alguno de estos ejemplares, es más que evidente que su población ha menguado por diferentes motivos, pero como siempre digo hay que seguir intentándolo, porque la ilusión es lo último que podemos perder…

Los pequeños lábridos y serránidos siempre estaban presentes, por lo que había que revisar cada cierto tiempo los cebos. Mientras recogía una de las cañas, aprecié como el puntero de la de al lado se empezaba a curvar lentamente. Decidí coger la caña y bajar a una pequeña repisa para salvar las rocas que había a ras de agua, craso error, ya que de aquí no me podría mover sin tener que dejar la caña. El pescado cabeceaba y me daba tirones, pero no tenía ni idea de que peleaba al otro lado de la línea. Por su altura el lugar te permite una visión excepcional, de por dónde te viene el pescado y que puede ser, en este caso sólo podía ver una silueta oscura, que hasta que no salió del agua no supe lo que era. Se trataba de un buen cabracho que se había tragado un suculento cangrejo ermitaño, mientras lo observaba desde arriba, me vino a la cabeza que desde dónde me había colocado no podría cogerlo con la mano y el hecho de ser un pez con espinas venenosas, no me permitía darle el trato que hubiese sido con otra especie.
 
La botella era de 1,5 L.

 
Con paciencia lo fui subiendo y cuando lo tuve delante, pude ver que llevaba bien alojado el anzuelo, lo que me dio la garantía de lanzarlo a la repisa, desde dónde debería haber estado.

Sin duda fue la captura del día, que no la única, ya que los pageles, tordos y algún que otro pargo se presentaron a su cita. Es el ejemplar más grande de esta especie que he capturado y aunque las fotos (me vais a perdonar), no sean de muy buena calidad, como dice el dicho “para muestra un botón…”

jueves, 1 de agosto de 2013

Pesca de la araña desde embarcación


 
Abordo esta nueva entrada en el blog, con una intensa mezcla de sentimientos, recuerdos  y vivencias del presente.

La pesca de la araña desde embarcación, fue una de las primeras modalidades que pude disfrutar en compañía de mi tío, quizá por ello sea de las que más me gusta practicar. Si  la memoria no me falla, de esto hace ya algo más de 25 años, cuando la pesca y lo creo honestamente, era radicalmente diferente en todos los niveles a la que hoy practicamos. Por aquel  entonces las zonas de pesca se tomaban por enfilaciones, cogiendo como referencia dos puntos, creando así dos líneas imaginarias y cuya intersección sería lo que actualmente marcamos en nuestros GPS como waypoint.

El montaje para engañar a estos voraces y abundantes peces era sencillo, un plomo de cuerpo cilíndrico de unos 100 gramos, con una varilla un tanto doblada de unos 25 centímetros, a cada uno de los extremos del plomo, al que por un lado se unía la línea madre de la madeja ya que no utilizábamos cañas, de no menos de un grosor del 0.50 y por el otro lado, anudábamos junto con un giratorio con imperdible, un ramal del 0.40 de aproximadamente 1.5 metros con tres anzuelos del nº 5/6 empatillados en la misma cameta. El cebo a emplear siempre era el sonso (lanzón), preferiblemente fresco ya que mantiene al máximo su brillo y olor, al que ensartaríamos los tres anzuelos, en cabeza, parte central y cola.

Todo esto, aderezado con la habitual brisa matinal, que nos ayudaría a batir mayor zona de pesca y por consiguiente, a localizar las zonas más querenciosas, era suficiente para hacerse con un generoso botín.

El patrón estaba claro quién era y en una pequeña embarcación de madera de apenas 4 metros,  la “Mare de Déu del Vilar”, manipular a estos peligrosos peces era complicado, los pies y las piernas estaban a un simple salto de sus venenosas espinas. La orden para no llevarnos un doloroso picotazo era clara, “nen, hasta que no haya limpiado la que está en la orla, no se embarca ninguna…” y así fue, todas las veces en que salimos con aquella barquita.

Con los años, entendí la insistencia que puso mi tío en aquello que me comentó y no mucho tiempo después, viví en mis propias carnes esa dolorosa experiencia. Un día buceando en un arenal se me ocurrió atrapar a un inmóvil pececito, que apenas se inmutó cuando iba a cogerlo con la mano y que poco se parecía a los de su misma especie y que ya había pescado. El resultado os lo podéis imaginar, en el hospital con la mano deformada por la hinchazón, el día de playa arruinado, con el consiguiente disgusto de mi madre que era la que me acompañaba.

El dolor me duró meses y el recuerdo de aquel día, se me quedó grabado en el disco duro de mi memoria, de todo se aprende, de lo bueno y de lo malo… cada vez que practico este tipo de pesca, extremo las precauciones y manipulo estos peces con sumo cuidado.

Seguro que allí dónde él esté cuidará porque ninguno de estos peces, nos vuelva a estropear el día.

 
El mundo de la pesca ha evolucionado a pasos agigantados, lo que nos ha podido hacer más efectivos y técnicos, pero nunca hay que olvidar “los inicios” porque en ellos, encontraremos la esencia de la pesca y practicaremos una pesca más romántica y menos resultadista.


El modelo Lucifer de Katashi

 

lunes, 24 de junio de 2013

¿Dónde están los peces?

Serviolita que volvió por dónde vino, sucumbió a un Mag Minnow

Con esta entrada no pretendo ser alarmista, ni negativo, si no simplemente reflejar una situación, que por la zona del litoral donde practico la pesca, se viene dando preocupantemente durante hace ya demasiado tiempo.
¿Dónde se meten los peces?, esta es la cuestión que me vengo haciendo hace ya un tiempo. Prácticamente cada año sucede lo mismo, hay un impasse en el que la actividad se ralentiza o desaparece y lo tenemos más que asumido, pero lo que está pasando este año empieza a ser preocupante. No hablo de que no haya doradas, que básicamente es lo que buscamos durante toda la temporada, con intervalos dedicados a otras especies como lubinas, verrugatos o herreras. Sencillamente es que los bolos se suceden con demasiada frecuencia, sin que a veces tengas opción de digerir el de la jornada anterior, que ya tienes que asimilar otro.
Como bien sabéis siempre plasmo en este blog, los resultados de mis jornadas de pesca, sean buenas o no tan buenas, generalmente a surfcasting o desde embarcación cuando el tiempo me lo permite.
En este tiempo sería del todo normal, encontrarse desde cualquier arenal las primeras buenas herreras, jureles, roncadores y especies que a estas alturas del año, están presentes en nuestros arenales. Además de las incombustibles doradas, que cuando los trasmallos, palangres y otros muchos obstáculos les permiten, entran a nuestras zonas de pesca.
Araña capturada a light-jigging

No he aflojado ni un ápice a pesar de estos resultados tan nefastos, desde hace un par de años y como si de un cuaderno de bitácora se tratase, llevo anotadas cada una de las jornadas de pesca, a surfcasting y desde embarcación.
Toda una serie de datos básicos, que intento tener en cuenta a la hora de planificar cada jornada de pesca, además de la información fiable que me facilitan compañeros que pescan por la misma zona de pesca que yo. El año pasado desde prácticamente el inicio de abril y hasta mediado junio, los resultados fueron más que discretos, alguna buena captura entre muchos días mediocres, pero en este intervalo de año vamos camino de batir todos los registros negativos. Sin duda espero que la situación de un cambio radical, porque con la llegada de los bañistas y el inicio de la campaña estival, el tema se complica a todos los niveles, desde costa como desde embarcación.

Como dice el refrán “No hay mal que por bien no venga”, así que aprovechando la situación empezaremos a salir algo más con la barca, que durante tiempo hemos tenido medio abandonada.

Loritos, raors, un manjar que hay que pescar
Ahora es tiempo de disfrutar de la pesca, de otra manera…




viernes, 7 de junio de 2013

Campeonato de España Liga de Clubes (Gandía)

Hace un par de fines de semana, participamos en el XXIII Campeonato de España Open Liga de Clubes, en la modalidad de surfcasting, que se celebró en la población valenciana de Gandía.

Equipo Kali Bon Pastor
Durante las últimas semanas, la preparación de este evento deportivo, nos tuvo muy ocupados a la totalidad de miembros del equipo, monopolizando todo nuestro tiempo y dedicación.
Con el fin de preparar la competición con plenas garantías, nos desplazamos a esta localidad unos días antes para realizar las pruebas pertinentes, en la playa en la que teóricamente se debía disputar el concurso, para ajustar los equipos y aparejos con los que creíamos, que obtendríamos mejores resultados y saber que especies eran las que más abundaban.

El primer día de prueba pudimos constatar, que las capturas serían escasas (palometas, doradellas y alguna herrera) y que además en el mar, había zonas en las que las algas estaban presentes, sin ser esto un grave inconveniente.

Conforme se iba acercando el día de inicio, todos los equipos clasificados que provenían de prácticamente todo el territorio nacional, acudían a su cita creando un ambiente sensacional. Era el momento de reencontrarse con compañeros (con los que por la distancia geográfica, es más difícil mantener contacto), además de conocer y compartir experiencias con otros pescadores.

Horas antes del inicio de la competición, una noticia nos dejaba estupefactos y hacía mella en nuestro ánimo. El comité organizador proponía el cambio de emplazamiento del campeonato, al parecer por la gran cantidad de algas que podían dificultar la pesca en la playa, sometiendo a votación de los capitanes de los diferentes equipos, el pasar a disputar la prueba de las playas de Gandía a las escolleras interior y exterior de este puerto, algo que finalmente acabó sucediendo. Sin duda un cambio radical, con el que el margen de maniobra era imposible.

Preparar una competición a surfcasting (con todos sus pros y contras),  nada tiene que ver con una prueba en una escollera, dónde los equipos, aparejos y el escenario en general son totalmente diferentes. Al iniciar los preparativos para competir en un arenal, por tu cabeza pasan todos los condicionantes posibles, fuerte oleaje, algas, escasez de capturas, etc. y así era como íbamos preparados.
El resultado final, una 13ª posición, podía o no haber variado a mejor o a peor, si la prueba se hubiese celebrado en el escenario marcado por la organización, pero fue para nosotros al igual que para otros tantos equipos un escollo difícil de superar.
Nos llevamos una experiencia a nivel deportivo, muy poco enriquecedora, pero a nivel personal una extraordinaria convivencia, que ha hecho que el grupo se una más.

Jonathan con una captura inesperada...

Destacar la excelente clasificación del equipo Bon Pastor Kali, que con su segunda plaza y por tanto subcampeones de España, consiguen una plaza para acudir al próximo mundial que se celebrará en nuestro país, concretamente en Peñíscola.

El primer puesto lo consiguió el equipo valenciano de Burriana C.P. El Pescador .

martes, 7 de mayo de 2013

"Especies invasoras"


Con la llegada del buen tiempo aparecen por nuestro litoral, toda una serie de especies que pueden dar al traste o no, con nuestros mejores deseos.
Básicamente estoy hablando de herreras, obladas, jureles, vidriadas u  otras especies de escaso porte, que se instalan durante un buen tiempo y que en según que zonas, nos condicionan a la hora de intentar pescar los ejemplares que realmente buscamos, doradas, lubinas y de manera esporádica algún verrugato.
No les quiero quitar valor, porque realmente en muchas ocasiones y ante la falta de actividad de los grandes ejemplares, pueden hacernos pasar una jornada de pesca de lo más divertida.

Detrás de estos peces que habitualmente son de costumbres gregarias, aparecen otras especies con hábitos alimenticios algo más voraces. Me refiero a las anjovas, que con prisa y además sin pausa, han hecho acto de presencia en las últimas semanas por innumerables zonas del litoral catalán y que evidentemente, no nos van a abandonar hasta que finalice el verano y entre el otoño.

Hay playas en que por su tipología o ubicación son un verdadero territorio anjovero. Las hay en que por su proximidad a puertos y escolleras, les facilita el encontrar su sustento. Otras por quedar protegidas al abrigo de temporales o en ensenadas y que por su riqueza, en especies de pequeño tamaño, se transforman en sus mejores apostaderos de caza. También las hay que son zonas de paso para ellas y que por lo tanto, no están exentas de su acción depredadora.

 
Lo que muchos ya habréis intuido en este alegato inicial, es que con semejante actividad, hay días en que resulta complicado o casi imposible, capturar un buen ejemplar de dorada. ¿Quién no ha sufrido alguna vez la acción de estos inoportunos visitantes?

Cuando deciden entrar en una playa hacen verdaderos estragos. No soy el más indicado para hacer un análisis, de la afectación que puede tener su presencia y la incidencia, sobre el resto de especies que habitan en una zona. Hay opiniones de todo tipo al respecto, muchos pescadores creen que alejan el pescado, otros que lo hace aproximarse a la orilla y los hay que literalmente creen que los hace desaparecer. Por mi experiencia, diría que hay días en que se puede dar cualquiera de estas opciones. En lo que si coincidimos, es que en cuanto aparecen, nuestras cañas “saltan como muelles” y las roturas y las caras de incredulidad se apoderan de todos los allí presentes, podremos optar por seguir intentándolo o recoger y volver a probar otro día.

Ante esta inevitable situación, no nos queda más remedio que resignarnos y cruzar los dedos, para que cuando nos topemos con un ejemplar de dorada, lubina u otra especie esta sea de buen tamaño. Quizá así, podamos salvarla e inmortalizarla en una foto sin ninguna dentellada, está visto y comprobado que con ejemplares que rondan el kilo, no tienen miramientos y atacan sin concesión.

Antes de esta entrada tan acelerada de depredadores, tuve la fortuna de toparme en dos jornadas con nuestras amigas de la frente dorada. El primero de los días y a pesar de un más que molesto viento de levante, clavé tres ejemplares en un intervalo de tiempo de 1 hora. Con el oleaje que había, opté por utilizar para las cametas como casi siempre, Hybrid de Yo-Zuri en 10lbs, lo que equivale a 31/32 mm de grosor. El anzuelo con el que sucumbieron, fue un Chinu de Mustad en un número 2, un anzuelo recio, acorde con el cebo que iba a utilizar que fue llubarré.
En la misma distancia a la que buscaba las doradas, se cruzó una lubinita que acabó de alegrarme la jornada, que sin duda fue excepcional.

 
Días después repetía escenario, pero no resultado. Con las cañas ya en acción de pesca una de ellas se destensó paulatinamente, sin llegar a dejar la línea en banda. Al iniciar la recogida y empezar a notar tensión, los inconfundibles cabezazos de una dorada delataban al contrincante. Esta vez el ejemplar era algo más grande, que los que había conseguido días atrás y sin duda la lucha fue algo más intensa. Llevó al límite el equipo que utilizaba ese día, la línea del 0.16 del modelo Tsunami Pro de Kalikunnan, con el que iba cargado el carrete. Esta vez la caña era el modelo Matsuo de Tica, con un puntero algo más duro de los que habitualmente suelo utilizar. El empatillado era el mismo que usé en la jornada precedente, Chinu del 2 e Hybrid de 10lbs y como cebo también llubarré.

Paulatinamente la racha se ha cortado, las capturas han escaseado o los tamaños no han sido dignos de mención. También debo decir, que he diversificado el tipo de pesca y las especies a las que he tentado, en siguientes entradas os las cuento…