domingo, 29 de junio de 2014

Dorada a surfcasting...picada brutal


En la última visita a una de los buenos spots de pesca de Tarragona, la jornada me deparó varias sorpresas que a continuación os contaré.

De entrada el parte del tiempo no era muy halagüeño, todo lo contrario de cómo estaba el mar. Un ligero viento de levante que inevitablemente arrastraba una espectacular tormenta, había movido el fondo y la superficie lo suficiente, como para que aunque solo fuese un rato intentar clavar alguna dorada. Nada más salir de casa empezaba a chispear, con lo que me surgió la pregunta de turno ¿vale la pena?, tenía cebo que gastar y no lo dudé mucho.

Al llegar a la playa vi a unos compañeros que llevaban desde la tarde, como el día había estado nublado los bañistas pronto habían recogido sus cosas y se podía empezar a una hora más temprana de lo que en esta época es normal.

Los cebos que tenía para esta jornada eran, llubarré, lombriz catalana y algo de americano pequeño que me habían sobrado de un campeonato. Para iniciar la pesca diurna como ya he comentado en otras entradas, me gusta utilizar cebos blandos, en esta ocasión la catalana y el llubarré. En una de las dos Split que iba a poner en acción de pesca, utilicé el montaje habitual de una cameta de unos dos metros, en esta ocasión con una nueva línea híbrida de la casa Duel, en concreto el Quick Shot en un diámetro del 26, en la que iba empatillado un anzuelo Chinu de Mustad del número 2.

En la otra caña monté un bajo de línea con dos hijuelas, con cametas de  1.7 metros, como los que utilizo para competición, con anzuelos bastante más pequeños de los que utilizo para pescar exclusivamente doradas. En este caso eran unos Sode de Mustad del número 8, con los que esperaba clavar alguna herrera, lubina o cualquier otra especie de tamaño medio que estuviese por la zona.

Después de un rato de estar con las cañas en acción de pesca y de revisar si la morralla actuaba y limpiaba los anzuelos, cosa que no sucedía, me entretenía con el dichoso móvil hablando con otros compañeros, que andaban pescando en otra playa. Una de las veces que levanté la vista vi por el rabillo del ojo, que la caña que estaba calada con el bajo de dos anzuelos, estaba doblada como un arco y que por instantes el carrete cedía hilo. Lo primero que se me pasó por la cabeza, era que una buena anjova se llevaba algún pescadito que se había clavado o en el peor de los casos, que sencillamente me cortaría la línea sin más problema, pero que equivocado andaba…

Cuando pude sacar la caña del soporte los tirones iniciales me desconcertaron, no me imaginaba que pescado podía ser. La línea corría hacia un lado de manera acusada, eso las doradas habitualmente no lo hacen y más a unos 100 metros de la orilla. Después de una lucha muy bonita tras una espectacular picada, pude vislumbrar la enorme cola de una dorada, que hundía la cabeza contra la arena intentando soltarse del anzuelo. Con la ayuda de un compañero finalmente la puse en seco, entonces comprobé que el anzuelo venía alojado en la parte dura del morro, fuera del alcance de sus potentes mandíbulas y que para darle más lógica a la dura pelea, se había clavado del anzuelo de arriba.
Dorada de algo más de 2kg que me alegró la tarde

Está claro que el montaje no iba destinado 100% a capturar un ejemplar de este tamaño, pero sin duda la calidad de los materiales que usemos y la mano que tengamos, a la hora de trabajar las piezas serán sinónimo de victoria y satisfacción.

La tormenta no nos dejó continuar y tuvimos que abandonar la playa a la carrera, antes de que la situación se volviese más peligrosa, esta vez el acierto fue total y sin mojarme ;))


martes, 17 de junio de 2014

Pesca desde embarcación...de estreno


En esta entrada toca hablar por fin de una jornada de pesca desde embarcación. Aprovechando el obligado o casi impuesto parón doradero a surfcasting, era el momento de hacer una salida en busca de pageles y otras especies no menos interesantes.

Salimos una plácida mañana, con la idea de desconectar de todo y disfrutar de una excepcional situación marítima, además si era posible intentar hacer un poco de acopio de pescado para disfrutarlo en la mesa.

Nos dirigimos a una zona de fondo mixto, piedras sueltas con cascajo en los alrededores y clapas totalmente limpias de arena en una sonda de entre 35 y 50 metros. El viento de tierra matutino, nos ayudaría a realizar derivas con las que localizar diferentes especies.

Como era de esperar serranos y doncellas acudían de inmediato a la cita, acompañados por alguna mojarrita, conforme salíamos de la zona más rocosa algunos pageles entraban en acción. No es la época en la que salen más grandes, ya que los ejemplares de mayor tamaño se suelen pescar generalmente en los meses fríos, pero es sin duda esta especie una de las más combativas y divertidas de pescar.

El montaje que utilicé para esta jornada, estaba compuesto por un bajo con dos cametas de metro. La madre del bajo era de fluorocarbono con un grosor del 0.28 (H.D CARBON FUNE LEADER-SUNLINE), los anzuelos eran Chinu de Mustad del nº 6 empatillados con una línea híbrida de un grosor del 0.24 (HYBRID-YO ZURI).

La caña es de dos tramos enchufable y de acción parabólica, lo que la hace algo más dura que una telescópica y que permite trabajar perfectamente las capturas. En concreto es el modelo Gaansbai 2.7 metros de KaliKunnan, que lleva dos punteros intercambiables uno más duro y otro más blando, el conjunto se completaba con un carrete Tica Taurus en tamaño 4000.

También cogimos alguna que otra araña, que mi mujer se encargaba de levantar del fondo con un pequeño jig, cuando decidimos dirigirnos a una zona de fondo totalmente arenoso y en el que suele ser fácil clavar alguna.

En resumen una jornada muy divertida y con los objetivos finalmente cumplidos.


jueves, 22 de mayo de 2014

Un mal lance lo pega cualquiera...


 
Hace unas semanas me llevé una soberana sorpresa en forma de doradón, en el último lance que hacía.
Tal y como ya he ido apuntando en los últimos posts, estamos teniendo jornadas de todo tipo, desde días de ausencia total de capturas, como días en que más o menos vamos tocando algo. Las doradas siguen estando muy reacias a entrar, pero la lectura positiva que hago es que no han desaparecido, como por estas fechas y hablo a nivel particular me ha sucedido en ejercicios anteriores.
Mi compañero Carmelo y el que suscribe volvíamos a las andadas, después de varias semanas en que no coincidíamos en un pesquero. Con la entrada del viento de Levante decidimos ir a una muy buena playa, que con unas condiciones de mar agitado e incluso fuerte, nos puede brindar una de aquellas picadas de infarto, los verrugatos y las doradas si están, suelen deleitarnos con buenas cargadas en las cañas.
 
 
Con las cañas en acción de pesca la tarde discurría sin ningún tipo de señal,  la lombriz y el llubarré que eran los cebos con los que empezamos la jornada salían intactos, no era un mal indicador.
Con el paso de las horas y ya de noche una de mis cañas marcaba picada. Una de las Split que tenía cebada con llubarré se le destensaba la línea del carrete y después de unos instantes saqué la primera captura de la jornada, se trataba de un pequeño sargo de apenas un palmo que se fue devuelta al agua.
Tocaba volver a revisar los engaños ya que continuábamos pescando con cebo blando, por lo que la más mínima entrada de la morralla dejaría nuestros anzuelos al descubierto. A si que sin más dilación, los dos nos dispusimos a revisar por última vez todas las cañas que teníamos en el agua. Una mala ejecución en el lance, me hizo dejar la caña que tenía más a la derecha a poco más de 100 metros de la orilla, con la línea totalmente en diagonal, no era problema porque estábamos solos en la playa y no molestaba a nadie. Sin mucha fe me dije que no la recogía y que así se quedaba, a pesar de no estar muy convencido de que en esa distancia me entrase ninguna pieza de buen tamaño.

Mientras estábamos charlando una de las cañas de Carmelo marcaba picada y acto seguido, otra de las mías también hacía lo mismo. Uno por un lado y el otro por el otro trabajábamos sendas piezas, un par de doradas que rondaban el kilo de peso. En mitad de la recogida aprecié que la caña que estaba “mal lanzada” una Shangrila Pro, tenía el puntero demasiado recto, pero cómo estaba en diagonal pensé que era un efecto por la posición de la caña. Conforme me acercaba a dónde tenía el cebo y dispuesto a desanzuelar la dorada que acababa de sacar, una fuerte sacudida me hizo ir rápidamente a por la Shangrila.

Nada más cogerla una carrera del pez me hizo temer lo peor, ya que aunque dejé el freno con el punto justo para que no se rompa la línea, la sacudida fue bastante violenta. Después de unos largos instantes de tira y afloja, sin saber muy bien de que pez se trataba, todo apuntaba a que podía ser un buen verrugato, por las carreras hacia los lados y la violencia con la que se movía y liberaba línea del carrete. Pero para nuestra sorpresa lo que se había tragado el llubarré y el anzuelo que escondía, era una buena dorada que pasaba de los 2kg. Me hizo pasar un rato de lo más divertido y sinceramente, disfruté como hacía tiempo no lo hacía con uno de estos animales.


El llubarré es un cebo infalible si no hay morralla
A veces nos obsesionamos con lanzar a grandes distancias y es cierto, que por norma general por allí rondan los ejemplares más grandes, pero como me sucedió no siempre es así.

martes, 13 de mayo de 2014

Las otras especies

Tembladera capturada en el Delta del Ebro que se fue por dónde vino

En estos meses en los que nos encontramos, la presencia de las especies denominadas menores se acrecienta, véanse jureles, herreras, palometas, obladas, etc. Una opción a tener muy en cuenta, cuando la actividad de nuestras amigas de la frente dorada, es muy baja o nula y si el periodo se prolonga durante semanas.

Es un ligero cambio de planteamiento que a veces es del todo necesario, si no queremos acabar dejando de lado las cañas por los continuos bolos. En mi caso, que también ando metido en competiciones de surfcasting, es de obligado cumplimiento, porque el hábito no hace al monje y si dejas de practicar esta modalidad de pesca algo más acelerada, llegado el momento, esta inactividad te acaba pasando factura si no te mueves más o menos rápido.
Palometa, una especie muy combativa que se junta en cardúmenes

Como ya he apuntado en otras ocasiones, me siento un privilegiado de vivir por esta zona, en apenas unos cuantos kilómetros hay escenarios para la pesca de doradas en otoño e invierno. Un poco más hacia el sur tengo relativamente cerca el paraíso del Delta de l’Ebre, con sus innumerables especies y a escasos minutos de casa, hay playas en las que en esta época en que estamos, los jureles, obladas y en años buenos las mabras, te hacen pasar jornadas de lo más entretenidas, eso si, si las anjovas les dejan comer.

Unos cuantos kilómetros más hacia el norte, tenemos las playas del Barcelonés, el Prat, Castelldefels, Gavà, escenarios predilectos para la pesca de lisas (mújoles). Una especie que en numerosas competiciones celebradas en Catalunya, su captura te dará el empujón necesario para quedar bien clasificado, una pesca de lo más divertida el día que damos con ellas, con sus numerosas picadas y su pelea continua. Ejemplares que pueden rondar los dos kilos y que con la utilización de bajos, pueden pescarse de dos en dos o incluso se pueden hacer tripletes, llevando al límite de rotura los montajes que utilizamos.


En resumen, que durante estos meses hay que buscar otras alternativas, puesto que las capturas de doradas a días de hoy, son mucho más esporádicas. No obstante hay que seguir tentándolas, porque como redactaré en otra entrada, el día menos pensado vuelven a dar la cara y nunca mejor dicho. 


domingo, 13 de abril de 2014

En abril doradas mil???


Hace escasamente unos días que hemos cambiado de estación, el invierno ya quedó atrás y la primavera se abre paso con fuerza.
Otras temporadas o por lo menos asi me ha sucedido por aquí, a las doradas les quedarían los días contados para empezar a desaparecer, o no saldrían con la relativa facilidad con las que nos las encontrábamos. Este año las cosas están siendo diferentes, los meses que teóricamente debían ser los mejores, enero, febrero y marzo, han sido menos generosos, innumerables salidas, algún que otro día excepcional (http://xpescamar.blogspot.com.es/2014/03/todo-o-nada.html  http://xpescamar.blogspot.com.es/2013/12/doradas-surfcasting-un-dia-excepcional.html) y bastantes jornadas  con piezas de escaso porte (estos días así también son positivos) o capturas únicas, que tampoco está mal.
Todo apunta a que este año las pautas que las últimas temporadas se estaban dando, difícilmente se van a cumplir o asemejar, parece que como ocurre cada cierto tiempo en este 2014 habrá un cambio de ciclo. Espero que aunque los meses cálidos, no siendo mis preferidos por la ocupación de las playas por bañistas, surfistas y demás, que tienen todo el derecho del mundo a ocupar estas zonas igual que nosotros los pescadores, aquellas playas que fueron tan generosas durante la canícula de hace ya unos años, vuelvan a recuperar su atractivo, algo me dice que probablemente lo serán.

De momento y esperando a comprobar si este hipotético cambio se produce, en una playa de las que más cerca de casa tengo y de las que menos frecuento, me pude desquitar de varios días en los que de las doradas poco supe.
Era una tarde de domingo, con un sol y una temperatura casi primaverales, los primeros paseantes ya se dejaban ver y sin prisa, pero sin pausa iniciaba mi jornada de pesca, un par de horitas antes del crepúsculo.
Con la primera caña ya en acción de pesca, me disponía a cebar la segunda, cuando por el rabillo del ojo vi “algo raro”, al girarme comprobé, que la Split tenía la puntera totalmente recta y la línea destensada. Antes de cogerla para comprobar que había, lancé la segunda caña con un buen trozo de llubarré, en el que iba un anzuelo Chinu de Mustad del nº2.


Cogí la caña que estaba picada y comprobé que venía una buena dorada, después de unos instantes de tira y afloja, la pude poner en seco con  cierta dificultad ya que delante de dónde pescaba, había una zona con un palmo y medio escaso de agua, lo que me complicaba la maniobra.
Al cabo de media hora la misma caña delataba picada, tras una bonita lucha, sacaba la segunda dorada de la tarde. Todavía era de día y aún quedaba rato para que empezase a oscurecer y ya llevaba dos doradas, que rondaban los 2kg cada una, algo poco usual pero que me hacía estar de los más esperanzado.
Con la entrada de la noche no hubo cambios, nuestras amigas de la frente dorada desaparecieron, o no estaban en mi tiro o algo las espantó de la zona, yo me quedo con los segundo después de ver como salió un pagel y la dentellada que llevaba.

Algún depredador merodeaba por la zona

sábado, 29 de marzo de 2014

Todo o nada...


Antes de entrar en materia me gustaría hacer una reflexión en voz alta, ¿por qué es tan caprichosa la pesca?

A continuación os explicaré lo que me sucedió hace unas cuantas semanas, algo que a todos nos ha ocurrido en alguna ocasión… o en más de una.

Me voy a permitir el lujo de empezar este post, por el final de la jornada y como diríamos vulgarmente: “tirando línea”, con el resultado total de otro excepcional día de pesca. Esa noche me marché de la playa con 7 doradas, de entre los tres cuartos de kilo y los dos quilos y medio.
Se presentaba una jornada de lo más normal, sin grandes expectativas como siempre, siendo el pesquero que elegí uno de los top entre los que hay cerca de casa. La intención que llevaba era la de pasar un rato, iniciar la acción de pesca antes del atardecer y alargarla un par de horitas después de oscurecer, aprovechando la bonanza meteorológica y que las condiciones del mar eran del todo favorables. Un tiempo más que suficiente para realizar la tan necesaria DESCONEXIÓN.

Habitualmente me gusta iniciar las jornadas y con más motivo, si son en parte diurnas con cebos blandos, todo un clásico para mí y especialmente en invierno, así que arranqué con  “mi particular” cebo estrella, el llubarré. Después de una hora sin percibir ningún tipo de actividad, tocaba revisar los cebos por si la morralla había limpiado los anzuelos, cosa que no había sucedido comprobando que éstos estaban en perfecto estado.
Se acercaba el momento del crepúsculo, uno de los mejores indicadores de cómo puede acontecer la jornada,  ese preciso instante fue el detonante de la acción… primera caña picada.

La Shangrila-Pro que tenía más a la derecha, denotaba claramente que algo había picado, su sensible puntero híbrido dejaba de marcar en escasos segundos. La primera dorada que saqué fue la más grande de todas, pesó cerca de 2.5kg por lo que la cosa prometía. Al cabo de un rato y después de inmortalizarla en varias fotos, una de las Split de KaliKunnan perdía también la tensión en la línea. El arranque de esta segunda dorada, fue más imponente que el de la primera, aunque como suele ser habitual el tamaño no era acorde con su bravura, esta rondaría los 2kg que no está nada mal.
Al iniciar la jornada de día utilicé para el empatillado un fluorocarbono de máxima calidad, el H.D. Carbon Fune Leader de Duel en un grosor del 0,26. Los anzuelos fueron los Mustad Chinu del número 2 y también los Mustad Abumi también del 2, este último un anzuelo fino y resistente, que utilizo cuando andan recelosas y que las hace embocar con mayor confianza.

Las Split Surf esperando el momento de la picada
 
A partir de ese momento el ritmo se aceleró y en las siguientes dos horas, conseguí casi el resto del botín, otras cuatro doradas más.

Parte de las capturas de la jornada
 
Unos compañeros pescaban en una playa a escasos kilómetros de la que yo estaba y ante el recital que les iba transmitiendo por el wassapp, decidieron cambiar de sitio y acompañarme. Al poco de llegar y de empezar a poner su equipo en acción, sacaba la última de mis doradas y daba por concluida mi jornada. Ellos siguieron un par de horas más, pero de las doradas no tuvieron más noticias.

¿Entendéis ahora porqué lanzaba la pregunta del principio?.... Hasta la próxima

 

sábado, 15 de febrero de 2014

Lubinas en el Delta del Ebro, cuando los astros se alinean...


A punto de acabarse la temporada lubinera, este año tuvimos oportunidad de planificar unas cuantas jornadas, en busca de las reinas de la espuma en el mejor lugar que tenemos en Cataluña, el Delta del Ebro.
 Es sin duda un paraíso para los que amamos este deporte, aunque en muchas ocasiones nos presenta el lado más duro e ingrato, pero si encontramos la noche en que se alinean los astros, podemos disfrutar como nunca y eso es lo que nos sucedió a Carmelo, Jonathan y a mí.

El día escogido estábamos en plena subida de una entrada de Levante, el primero en llegar a la playa fui yo, mientras mis compañeros recorrían los últimos kilómetros con el coche, yo elegía el lugar y hacía las primeras pruebas para averiguar si había corriente o algas, algo imprescindible antes de tener todo el equipo montado y evitar sorpresas. En vistas de que el oleaje nos permitía pescar con plomos de casting de 140 gramos y las algas no estaban por la zona, acabé de montar el resto del equipo y avisar a mis compañeros de cuál era el lugar dónde estaba, la playa de los Eucaliptus.
Teníamos el agua movida, había un par de rompientes una a unos 80/90 metros y otra entorno a los 200 metros (esta segunda inalcanzable). Entre ambas había zonas de espuma que se antojaban de lo más atractivas. La primera de mis cañas se fue a la primera rompiente y las otras dos hasta dónde pude lanzarlas.
Justo cuando mis compañeros empezaban a montar, la primera de mis cañas hacía un “extraño”, por un momento pensé que el plomo había saltado por la fuerza de la corriente y la línea corría hacia la derecha. Instantes después pude comprobar, que la corriente no era el motivo, se trataba de la primera picada de lubina, que de manera muy sutil se había tragado el anzuelo chinu de Mustad del número 1, escondido bajo un buen trozo de llubarré.
 
Les indiqué a mis compañeros dónde había salido la primera y acto seguido, ya tenía otra caña picada, en esta ocasión era una de las Split surf de Kalikunnan, una caña dura pero con un puntero muy agradecido y marcador. Tras un par de carreras salía la segunda lubina de la noche, justo después de cebar la caña y dirigirme a lanzar al lugar dónde tenía la piqueta, vi que la Shangrila-Pro que tenía a la derecha y que ya había sacado la primera, volvía a delatar picada. Estaba claro que estaban muy activas y durante un buen rato, las picadas se sucedieron tanto en mis cañas, como en las de mis compañeros que poco a poco se iban acercando a la cantidad que llevaba yo.

No teníamos mar de fondo, por lo que la elección para empatillar los anzuelos  fue esta vez Hybrid de Yo-Zuri en un diámetro del 0,33 (12 lbs), los carretes cargados con línea del 0,16 y los ya mencionados plomos de 140 gramos, los de casting de 125 gramos no aguantaban la fuerza del mar.

Tuvimos una noche redonda difícil de superar, pero cuidado, no debemos olvidar que este entorno es muy complicado, acertar con el día y en que se den las condiciones ideales para la pesca es una ardua misión. Ha habido días en que el Delta nos ha echado literalmente, bien por el estado del mar, por las algas y broza que sale de los canales que vienen de los arrozales o simplemente, porque el cangrejo o la pulga ha hecho imposible la pesca, aquí el porcentaje de fracaso es muy alto y así lo hemos vivido en nuestras carnes en muchas ocasiones, no obstante tiene un imán (no solo las lubinas) que año tras año nos hace volver.

 

viernes, 3 de enero de 2014

Verrugato a surfcasting


Hay que conocer muy bien una playa, para reducir el margen de error y hacer que una jornada sea fructífera, a pesar de esto algunas veces nos equivocamos, a continuación me explico.
Cuando ya has pescado en numerosas ocasiones en un mismo pesquero, sea cual sea el estado del mar y la época del año, empiezas a hacerte una pequeña composición de cómo puede acontecer la jornada. Sabes que vientos son los que le influyen de manera positiva o negativa, si el oleaje es mayor o menor, te permitirá pescar de una u otra manera y si con ese estado del mar, el pescado que posiblemente entre será de una especie u otra. Hay innumerables condicionantes o matices, que harán que tus previsiones se cumplan o no.
Ni más ni menos, es lo que nos sucedió hace unas semanas a mi compañero Carmelo y al que suscribe. Llegamos a una playa en la que el influjo del oleaje de Levante lo hace el ideal, no se nos pasó por la cabeza, que ya hacía días que el agua estaba fuerte y que en algunas playas de la zona, este hecho hace que las algas se levanten y la pesca sea muy dura o simplemente imposible, que es lo que pasó. Con las cañas ya montadas y en acción de pesca, nos dimos cuenta que poco a poco las líneas se iban cargando de algas y que nuestros cebos se tapaban. A pesar de esto los peces estaban activos, por este motivo aguantamos una hora más. En ese rato mi compañero sacó una doradella y tuvo un par de picadas, que es más que probable que fuesen de dorada, pero después de un par de roturas de línea y ver que la cosa no mejoraba, debíamos replantearnos la jornada, una opción era cambiar de playa y la otra marcharnos para casa (que era la que yo quería). Finalmente Carmelo me convenció y cambiamos de escenario, nos desplazamos a un pesquero “de invierno”, a 30 kilómetros de nuestro destino inicial. Una playa que da doradas, pero no todos los años (este ha sido malo), pero que por el contrario da otras especies, más típicas de los meses fríos y en los que las aguas están especialmente agitadas.
Con las cañas otra vez en acción de pesca, observo que una de las Split Surf se ha quedado con el puntero destensando. Por unos instantes dudé, en si el plomo de bola de 150 gramos con el que estaba pescando se habría levantado, pero al tensar la línea salí de dudas al instante. Después de un tira y afloja, saqué una dorada de algo más de un kilo, toda una sorpresa porque dado el estado del mar era la captura que menos esperábamos.


No pasaron ni diez minutos cuando otra vez la misma caña se volvía a destensar, se repetía el ritual, esta vez tenía algo más claro que lo que venía al otro lado de la línea era una dorada. El tamaño de esta era algo más grande, pero no mucho más, se había tragado un anzuelo Chinu de Mustad empatillado con Amnesia del 5.6 (equivalente a un grosor aproximado del 0.35) evitando así que las cametas se liasen de manera innecesaria.
 Los cebos que estábamos utilizando eran llobarré y tita de palangre y con ellos, conseguimos todas las capturas de la noche.
En días así siempre tienes la ilusión de capturar aquellos peces que se te resisten, bien por que son escasos o porque para aspirar a coger uno, las condiciones tienen que ser muy concretas y esto habitualmente no sucede. Esa noche tuve la suerte de toparme con un verrugato, un pez que por esta zona es escaso y a la vez, los pocos que salen suelen ser de pequeño tamaño.
Me han hablado maravillas de ellos, en cuanto a que son una de las especies más combativas que nos podemos encontrar, este en especial no dio mucha guerra, más bien poca, pero no por ello menguó la satisfacción. Al enfocar  y verlo en la poza que teníamos delante, justo antes de sacarlo del agua la alegría fue total, ahora solo faltaba sacarlo cosa que acabó sucediendo.

 Llevaba mucho tiempo deseando capturar uno de este tamaño, pero ya se sabe, en esto de la pesca cuanto más deseas una cosa, más tiempo tardas en conseguirla. La “culpa” de que esa noche fuese redonda la tiene mi compañero Carmelo, él fue quien me convenció, gracias amigo.


Un "premio" a la perseverancia

lunes, 9 de diciembre de 2013

Doradas a surfcasting, un día excepcional


 
En una de las últimas entradas hice un pequeño inciso, de lo que me sucedió en una de las jornadas de pesca en busca de doradas, ahora ha llegado el momento de contarlo.
Era una tarde de domingo con una previsión de tiempo relativamente buena, estaba anunciada una entrada paulatina de levante, con posibilidad de que hubiese algo de lluvia.
Después de comer y de haber preparado todo el equipo, me dirigí a una de los pesqueros que mejores resultados me da. La playa estaba prácticamente vacía, había un par de pescadores a una centena de metros a cada lado de dónde yo tenía pensado colocarme y algún que otro paseante. El mar estaba en buenas condiciones, un oleaje suave con un ligero rizo ocasionado por el viento me transmitía muy buenas sensaciones.
El cebo elegido para esta jornada básicamente era el llubarré, llevaba también algo de lombriz catalana y de arenys, que le había sobrado a mi padre de un concurso. No llevar cebo duro como la tita de palangre, podía haberme supuesto un problema si la morralla hubiese hecho acto de presencia, pero esta vez no hizo falta.
Un buen rato antes de que se hiciese de noche, las cañas ya estaban en acción de pesca, más o menos lanzadas todas a la misma distancia y con el mismo cebo. Al mismo tiempo que el sol empezaba a caer y el viento a arreciar, el puntero de la primera caña que había lanzado se destensaba, era la señal inequívoca de que algo había picado. Después de recuperar la tensión en la línea, los cabezazos que me llegaban a la Split Surf dejaban poco margen de error a que pez era el que venía del anzuelo. Tras un par de carreras a escasos 30 metros de la orilla y ya en el escalón, cobraba la primera dorada de la jornada, un ejemplar que rondaba el kilo y medio (como el resto de las que salieron esa noche).
Esta captura me daba la moral suficiente, para soportar lo que se me venía encima y nunca mejor dicho. El tiempo empezó a cambiar de manera radical, la teórica entrada suave de levante, se tornó en un precipitado aumento del viento y de las nubes de lluvia. En este impasse otra de las cañas volvía a delatar otra picada, sin prisa pero sin pausa, sacaba otra dorada del mismo calibre que la anterior.
 
La playa en cuestión, nos había jugado una mala pasada a Carmelo y a mí unos días antes. Cuando lleva días azotada por el oleaje, la posidonia que hay en las proximidades se desprende, lo que dificulta o imposibilita la pesca y ese día nos tocó recoger y cambiar de playa.

En la misma proporción que iba aumentando la inestabilidad meteorológica, la actividad de los peces también crecía. No podía dar crédito a lo que me estaba sucediendo, mientras trabajaba la tercera pieza otra de las cañas empezaba a perder la tensión en la línea. No es que viniesen las líneas cruzadas, es que posiblemente otra cabezona se había tragado mi engaño.
Dicho y hecho, después de sacar la tercera y volver a lanzar la caña, me dirigí a la caña que estaba picada para seguir con la racha. Los dos pescadores que había a mi lado, ya habían recogido ante el vendaval de viento y lluvia que se había formado. Uno de ellos antes de irse se acercó a verme y se quedó perplejo igual que yo, al ver las doradas que llevaba y las que estaban picando, ya que en el rato que estuvo allí saqué otras dos, también rondando los dos kilos.

No eran las nueve de la noche y llevaba ya seis doradas, de un tamaño más que razonable. Lo curioso del caso y que a posteriori valoré, es que no cogí ningún otro pescado que no fuese dorada, cuando el estado de la mar y lo agitado que estaba ya no tenía nada que ver, de cómo había empezado. La lluvia no me amilanó y seguí durante un rato más, en la siguiente hora cogí otras tres doradas, una de ellas llevó al extremo la línea que usaba (Tsunami Pro del 0.16) y arqueó la Shangrila Pro de manera escandalosa. El margen de reacción era nulo, porque mientras veía las sacudidas que pegaba, estaba peleando con otra cabezona.
Agotados los tres llubarrés que llevaba, estuve tentado de seguir pescando con la lombriz y el areny que aún me quedaban, pero con el extraordinario botín que ya había conseguido, decidí finalizar la jornada a una hora más que aceptable y “guardar” alguna para otro día. 

En los días posteriores parece que se esfumaron del lugar, porque el resultado de algunos compañeros fue muy poco alentador. Aunque Noviembre nos tenía guardada otra jornada de locura, esta vez en el paraíso lubinero por excelencia, el Delta del Ebro.
Sin duda a base de ir, finalmente aciertas y estás en el lugar adecuado, en el momento indicado, todo un tópico pero una situación muy real. La perseverancia ayuda a que se de esta circunstancia, pero lo que nunca nos pueda faltar es la ILUSIÓN.

martes, 3 de diciembre de 2013

Kalikunnan-Catálogo 2014

Cómo cada año Calicó S.A. presenta el nuevo catálogo con todas sus novedades. En él encontraremos la nueva línea de productos, de las marcas que distribuye: Kalikunnan, Mustad, Yo-Zuri, Penn, Tica, Renzo Valdieri, Led Lenser, Duel, Herculy, Shakespeare, Sunline entre otras.

Una larga lista de productos que en breve encontraremos en nuestras tiendas de pesca habituales.

Os dejo aquí el link para que le echéis un vistazo.

http://www.kalikunnan.com/1198/

KaliKunnan

martes, 19 de noviembre de 2013

Curricán costero, una alternativa otoñal

 

Ante todo puntualizar, que el resultado de esta jornada, es del todo inusual y con este pequeño apunte, paso a contaros lo que nos sucedió.
De buena mañana mi mujer y yo, decidimos salir con la barca a ver si haciendo algo de curricán, encontrábamos actividad en superficie. Desde nuestro puerto base nos dirigimos hacia el Norte, en dirección a Lloret y buscando un fondo de entorno a los 35/45 metros. Una zona en la que por estas fechas, los bonitos hacen acto de presencia y si das con ellos, te pueden dar una mañana de lo más entretenida.
Los señuelos que utilicé al inicio de la jornada, eran unas plumas de Yo-Zuri, en concreto las cabeza cristal en su tamaño más reducido. En una caña puse un montaje en “metralleta”, al final del cual iba una cucharilla para resaltar, las otras dos cañas con una única pluma en cada una de ellas.


Después de varias horas sin tener ningún tipo de ataque, ni ver actividad en superficie, al final de la playa de Lloret sobre una sonda de casi 20 metros, una de las cañas marcaba picada. La pelea fue corta, un par de carreras y embarcamos una pequeña melva, que se había tragado completamente la muestra, un par de fotos y la devolvimos otra vez a su medio natural.

En vistas de tan poco éxito y de que no parecía que los bonitos estuviesen activos, hicimos un cambio de rumbo radical y nos dirigimos a una zona más alejada de la costa y más cercana a nuestro puerto. Conforme íbamos acercándonos a otro hot spot, mi compañera que era quien gobernaba la barca en ese momento, me avisó de que había una pajarera a no mucha distancia. Dos embarcaciones estaban ya por la zona, por lo que con cuidado de no molestarnos, empezó la segunda parte de una jornada que se nos quedará grabada en el recuerdo.

Esta modalidad de pesca es muy divertida, como todas cuando hay actividad, pero no olvidemos que hasta encontrar un día así, hemos empleado muchas horas y hemos remojado muchos señuelos, sin que ni un solo pescado diese señales de vida.

Justo antes de llegar a dónde estaba una de las pajareras, la primera de las cañas se curvaba y el carrete empezaba a soltar hilo. Cambio de roles y mi mujer era quien trabajaba la captura, mientras yo dirigía la barca, otra de las cañas hacía lo mismo que la anterior, el frenesí se iniciaba.

Una tras otra las picadas se sucedían, melvas y pequeñas bacoretas eran los peces que depredaban, mientras que los peces pasto eran esta vez sardinitas. La diferencia entre pelear con una bacoreta y una melva es sustancial, como luchan las primeras. No obstante todos los miembros de esta familia con un cuerpo compacto e hidrodinámico, son verdaderos torpedos difíciles de dominar.

Paulatinamente y con cada pasada que íbamos haciendo las tres embarcaciones, las pajareras iban menguando y cada vez se dispersaban más, es lo que tiene este tipo de pesca cuando hay estas concentraciones de aves y de peces.

Para esta modalidad de pesca suelo utilizar dos tipos de cañas, las típicas de curricán algo más toscas y recias y unas cañas de spinning tropical que para mí son muy polivalentes. Hablo en concreto de las Tica Shore the Jig, que me permiten disfrutar aún más de la lucha con el pescado.

Con estas cañas uso unos carretes Tica en un tamaño 6000, cargados con un multifilamento al que en la parte final, añado unos 30 metros de fluorocarbono de un grosor del 0,45.

No desistiremos de buscar a los bonitos, aunque por estas fechas se muestra más propicia la pesca de otras especies.

Captura y suelta

domingo, 10 de noviembre de 2013

Doradas, comienza la actividad...


 
En las últimas semanas de octubre y en el recién iniciado noviembre, hemos podido constatar que la actividad doradera, se ha multiplicado exponencialmente.
Las próximas entradas intentaré ir desgranando, los excelentes resultados que hemos ido cosechando en esta nueva estación, que podría marcar el final de una época pobre en capturas.
En una de nuestras playas talismán se dio el pistoletazo de salida, al reencuentro con nuestras amigas de la frente dorada. Acompañado de mi mujer, decidimos salir una tranquila tarde antes del cambio horario. Para no perder las buenas costumbres, nos presentamos en la playa con un buen surtido de llobarreros y alguna tita de palangre. Este excelente cebo, se lleva el primer puesto con bastante holgura, en el casillero de capturas. No pondré en duda las preferencias de cada uno de nosotros, los hay fieles a la tita de palangre, cebo que tampoco debe faltar cuando buscamos ejemplares de cierto tamaño o cuando la morralla está muy activa.

El atardecer no nos deparó ninguna sorpresa, los cebos salían prácticamente intactos. Así que en cuanto se hizo de noche y como ellas no querían comer, era nuestro momento para hincar el diente. Nada más empezar con ello (la Ley de Murphy muchas veces se acaba cumpliendo), la línea de una de las Split Surf empezaba a perder la tensión y el puntero se ponía recto. Era la señal inequívoca, de que algún pescado se había interesado por el llubarré, dónde había escondido un anzuelo Chinu de Mustad del nº2.

 
Nada más coger la caña y dar unas vueltas al carrete, los primeros cabezazos no dejaban margen a la duda, era más que probable que se tratase de una dorada. Llegaba el momento de cederle la caña a mi mujer para que disfrutase de la pelea. Con mucho mimo fue trabajando la captura hasta ponerla en seco, una buena dorada de ración, que fue la captura más significativa de la noche. Las mabras (herreras) hicieron su entrada y la labor de continuar tentando a las doradas, se desvanecía con el paso del tiempo.
Así que con este “botín” dimos por concluida la jornada, confiando en cómo en días posteriores acabó sucediendo, las doradas estuviesen más activas, pero esto lo dejo para una próxima entrada. 

jueves, 24 de octubre de 2013

Port de la Selva, una jornada de rockfishing


 
Durante las pasadas vacaciones, pudimos disfrutar de una jornada a rockfishing, en una de las zonas más privilegiadas del litoral catalán, la Costa Brava norte.
Aprovechando unos días de descanso en Cadaqués y ante la cercanía de un buen lugar de pesca como es la población del Port de la Selva, decidimos aventurarnos a ver que nos depararía una jornada matutina, en busca de cualquier especie que se cruzase en nuestro camino.
 

Después de unas cuantas paradas, decidimos el enclave dónde nos íbamos a pasar las próximas horas. Se trataba de un lugar accesible, cómodo y que siendo sincero, inicialmente no apostaba que nos diese el resultado que al final nos acabó dando, no por el tamaño de las capturas, pero si por el rato tan divertido y la espectacularidad de alguna de las picadas.
El recuerdo de esta zona en la que ya había estado pescando anteriormente, era que sus afiladas piedras, tanto en el interior del mar como en tierra, hacían que la merma de material fuese considerable, sin perder de vista también que un traspié te podría ocasionar un serio disgusto.
Por lo tanto opté por arriesgar con dos de las cañas, así que mis dos Marsico iban a trabajar una zona rocosa con algunos claros cercanos, con un aparejo de plomo corrido, al que iría unido un anzuelo chinu de Mustad del número 4 con un buen americano.

 
La otra caña que decidí montar fue una telescópica de 4.5 metros, concretamente  una antigua Adriática de la marca Renzo Valdieri, con la que en mí época de rockfisher había disfrutado de lo lindo, viendo como se arqueaba cuando un buen tordo, buscaba su agujero o el algar cercano, la historia se volvía a repetir pero los protagonistas iban a ser otros…

Con esta última caña busqué una zona limpia, exactamente la entrada a una pequeña playa en la que a escasa distancia, había alguna que otra piedra. El montaje fue muy parecido al que había utilizado con las otras dos cañas, plomo corrido de menor tamaño debido a la acción más contenida de la telescópica y una cameta de casi dos metros, esta vez utilicé para el empatillado fluorocarbono del 0.25mm al que uniría un anzuelo Sode a Mustad (H.D. Carbon Fune de Duel), por tratarse de pesca diurna y en zona de arena.

Un fondo rocoso lleno de vida
 
No transcurrió mucho rato cuando la Adriática delataba la primera picada, un ligero y continuo tintineo del puntero, al que siguió una buena carga, me hicieron tomar la caña y trabajar la primera pieza. Se trataba de un bonito sargo, que no dejó pasar la ocasión de llevarse un buen almuerzo. Volví a lanzar aproximadamente en la misma zona, mientras en las cañas que tenía más a la izquierda y pescando en fondo más rocoso, la actividad era prácticamente nula, salvo alguna picada de raspallones o vidriadas, la misma caña volvía a tener algo al otro lado de la línea. Esta vez la picada fue violenta y la caña se empezó a arquear rápidamente, al ser un caña blanda el efecto era espectacular. Un pagel había sucumbido al engaño, no sería el último, ya que las siguientes capturas fueron de la misma especie y en la misma caña. Es alucinante como pelean estos animales y no me deja de sorprender, que no siendo la mejor época del año para ir en su busca, aparezcan de manera tan precoz y con relativa abundancia.

Insisto en que no hubiese apostado nada, por ese minúsculo y cerrado lugar de la playa, en el que creía que no pasaría ni un pescado, pero cuando se pesca hay que probarlo todo…



 

domingo, 6 de octubre de 2013

Madrugada de doradas


 
Durante las últimas semanas he estado algo desconectado del blog, no por ello he dejado de ir de pesca.
Hace unas semanas me llevé un alegrón de los grandes, porque el resultado de la noche fue mucho más fructífero de lo que me esperaba.
Dudaba a que playa ir ya que la previsión del tiempo no era la mejor, empezaba a entrar Levante y con él las nubes y un cambio sustancial del estado de la mar, por lo que las algas también podían aparecer en escena.
Mi idea era bajar a la playa al filo de la medianoche, una hora intempestiva que me permitiría aguantar hasta el amanecer y ver si las doradas, en la salida del sol estaban activas.

Antes de ir al pesquero decidí darme una vuelta por la playa, en este caso el lugar elegido era La Pineda, por lo que al tenerlo a escasa distancia de casa me fui a ver en qué condiciones estaba el mar y si la playa estaba muy concurrida. Mi sorpresa fue mayúscula cuando al llegar vi que había un concurso y que la única zona de playa que quedaba más o menos libre era la central, personalmente la que menos me gusta. Pregunté a unos conocidos que tal iba el concurso y me comentaron que al otro lado de la playa, esa misma tarde habían tocado buenos ejemplares de dorada, lo que me confirmaba que mi elección podría ser acertada.
Pasada la medianoche llegaba a la playa y tal y como ya había pensado antes, me fui directo al centro de la misma, dónde prácticamente no había nadie a mi alrededor. El incipiente oleaje de Levante me transmitía buenas vibraciones, pero como ya sabemos a veces sólo se queda en esto, porque los peces a lo mejor no están muy receptivos o porque no acertamos con la distancia a la que comen.
Monté en los carretes bobinas cargadas con Tsunami Pro en un grosor del 0,16 y los anzuelos del número 2 del modelo Chinu de Mustad. Para su empatillado usé hilo Amnesia del 3.6, dado que es sumamente dúctil y que en condiciones de oleaje nos brinda unas prestaciones excepcionales.
Después de tres horas sin actividad y en la que los cebos salían casi intactos, la primera caña delataba picada. Con la línea totalmente destensada estaba claro que algo había pasado por allí, al dar  más de una veintena de vueltas de manivela y no recuperar la tensión, cada vez tenía más claro que las anjovas (tallahams) habían hecho su primera pasada y el primer corte de línea era una realidad. En la siguiente hora y media tuve dos picadas más de este tipo, por lo que la apatía empezaba a hacer acto de presencia y la moral cada vez estaba más minada. Los cebos que llevaba esa noche eran llubarré y tita de palangre, como el primero siempre ha dado muy buenos resultados, era con el que mayoritariamente cebaba las cametas. En un lance un poco “a la aventura”, detrás de uno de los bancales que marcaba el oleaje sobre los 110 metros, tuve una impresionante picada que hizo que el carrete empezase a soltar hilo, mientras con cara de asombro esperaba a poder sacar la caña de la pica. Tras unos minutos de tira y afloja y a escasos 40 metros de la orilla, dónde apenas había treinta centímetros de agua, vi la cola de una preciosa dorada que metía el morro contra el fondo tratándose de liberar, cosa que no consiguió.

Me sorprendió un poco la cercanía a la que había tocado este ejemplar, lo que me hizo corregir los siguientes lances. Posteriormente otra picada destensaba el puntero de mi Split Surf de Kali Kunnan. En los primeros instantes pude volver a comprobar,  que se trataba de otra dorada que resultó ser muy parecida en cuanto a tamaño, de la que hacía poco más de tres cuartos de hora que había cogido.

 
Un acusado parón me hizo plantearme el recoger mi equipo e irme, pero pronto iba a amanecer  y no podía perderme tan mágico momento, aunque no me diese más pescado, a fin de cuentas ya estaba más que satisfecho con las dos piezas que llevaba. Con oscuridad total y sin todavía ver despuntar el sol, otra picada me puso en jaque, esta vez se trataba de una dorada kilera que acabó de redondear tan larga noche.

La llegada del amanecer no me ofreció ninguna sorpresa, salvo la aparición de los primeros paseantes y bañistas que me hicieron dar la jornada por concluida, con un muy buen sabor de boca.

 

miércoles, 21 de agosto de 2013

Rockfishing, "para muestra un botón..."

 

Con esta entrada hago un viaje a un pasado no muy lejano, en el que por diferentes motivos, la técnica de pesca que más practicaba era el rockfishing y que en algunas ocasiones, nos brindaba capturas excepcionales.
Recuerdo con especial ilusión, aquellas jornadas de pesca matinales en los espectaculares acantilados de la Costa Brava, en lugares como Begur, Tamarit, S’Agaró, Lloret de Mar etc. 
Unas jornadas que intentábamos planificar al milímetro y en las que procurábamos, que no quedase ningún cabo sin atar.
 
Un buen pescador y conocedor de toda esta zona, me dijo un día que para frecuentar estos pesqueros tenía que haber nieve en las montañas,  algo que con el paso del tiempo y después de muchas excursiones acabamos por entender. A su manera lo que me quería decir, es que debíamos ir en los meses más fríos.
El lugar ya lo he mencionado en otras entradas, se trata de un pesquero ubicado en Begur, una atalaya en toda regla, dónde se realiza un rockfishing extremo. Un lugar al que es mejor acudir acompañado y dónde cualquier error se podría pagar muy caro. Fotografiar aquí una pieza de buen porte,  requiere del uso de los mejores materiales, además de que para ello la Diosa fortuna, también tiene que estar de nuestra parte.
No se a vosotros, pero a mi a veces en esto de la pesca me pueden más las ganas que el sentido común, así que un día en que la méteo iba a ser la perfecta, decidí irme yo solito a este alejado pesquero.
Llegué en uno de los momentos clave, con el tiempo suficiente para tener las cañas preparadas un rato antes de que el sol empezase a despuntar.
Los equipos que habitualmente utilizaba en estas jornadas eran, mis inseparables cañas Marsico (Renzo Valdieri) de 4 metros con los punteros duros, los carretes Scepter (Tica) cargados con un monofilamento del 28, con un puente del 0.40 para que soportase el lance.
El montaje era de plomo corrido al final del cual, iba un anzuelo Mustad del nº2 del modelo Chinu, empatillado con un fluorocarbono del 0.30 ya que la pesca iba a discurrir en horario diurno.
El cebo que nunca podía faltar era el cangrejo ermitaño, lo complementaba también con algún que otro anélido, como podías ser la rosca (gusana de veta),  americano y en alguna ocasión llubarré.

Con las cañas en acción de pesca ahora sólo hacía falta esperar, que alguna de las muchas especies querenciosas de esta zona, quisiesen darse un buen desayuno. En este lugar, antaño solían capturar dentones (no excepcionalmente), buenas doradas, cabrachos, pargos y un gran número de otras peces, que no alcanzan tamaños tan grandes, como pueden ser sargos, tordos, vidriadas, etc.

 
Ahora resulta complicado hacerse con alguno de estos ejemplares, es más que evidente que su población ha menguado por diferentes motivos, pero como siempre digo hay que seguir intentándolo, porque la ilusión es lo último que podemos perder…

Los pequeños lábridos y serránidos siempre estaban presentes, por lo que había que revisar cada cierto tiempo los cebos. Mientras recogía una de las cañas, aprecié como el puntero de la de al lado se empezaba a curvar lentamente. Decidí coger la caña y bajar a una pequeña repisa para salvar las rocas que había a ras de agua, craso error, ya que de aquí no me podría mover sin tener que dejar la caña. El pescado cabeceaba y me daba tirones, pero no tenía ni idea de que peleaba al otro lado de la línea. Por su altura el lugar te permite una visión excepcional, de por dónde te viene el pescado y que puede ser, en este caso sólo podía ver una silueta oscura, que hasta que no salió del agua no supe lo que era. Se trataba de un buen cabracho que se había tragado un suculento cangrejo ermitaño, mientras lo observaba desde arriba, me vino a la cabeza que desde dónde me había colocado no podría cogerlo con la mano y el hecho de ser un pez con espinas venenosas, no me permitía darle el trato que hubiese sido con otra especie.
 
La botella era de 1,5 L.

 
Con paciencia lo fui subiendo y cuando lo tuve delante, pude ver que llevaba bien alojado el anzuelo, lo que me dio la garantía de lanzarlo a la repisa, desde dónde debería haber estado.

Sin duda fue la captura del día, que no la única, ya que los pageles, tordos y algún que otro pargo se presentaron a su cita. Es el ejemplar más grande de esta especie que he capturado y aunque las fotos (me vais a perdonar), no sean de muy buena calidad, como dice el dicho “para muestra un botón…”