Escribir esta entrada me hace gran ilusión, más que por el contenido de
fotos y capturas en si mismo, por haber visto feliz (además de pescando) a una
persona muy especial para mi, mi padre.
La distancia hace que no dispongamos del tiempo necesario, para poder
planificar más salidas de pesca y generalmente, las que hacemos juntos son por
motivo de los concursos de pesca de nuestra sociedad, por lo tanto nada que ver
como cuando vas por libre.
La apuesta era arriesgada, porque en esto de la pesca nunca puedes dar nada
por seguro. Como llevaba ya días tocando algunas doradas y las veía activas,
les propuse que se viniesen a Tarragona a pasar el fin de semana. La idea que
me propuso mi compañera, era hacer un intensivo, mi padre y yo de pesca y Rosa
y mi madre de visita cultural por la ciudad (todo un detallazo), un reto
complicado pero no imposible y con un objetivo claro, pescar doradas.
El primer día de pesca la playa elegida fue La Pineda, que estaba bastante
concurrida por otros compañeros. El estado de la mar y el viento la hacían el
mejor spot, esta decisión fue el primer acierto. La actividad se inició en el
momento en que empezaba a oscurecer, una de las cañas que compartía con mi
padre, se destensaba paulatinamente delatando una clara picada. Así que le
“tocaba trabajar”, ya que al otro lado de la línea, todo apuntaba a que la
primera dorada era lo que arqueaba el puntero de la Shangrila. Con mucha
paciencia porque en los últimos 40 metros, había escasamente 30 centímetros de
agua, el protagonista sacaba la primera dorada de la noche. Una buena captura
que pasaba de los 2kg, que se había tragado un Chinu de Mustad del nº 1, con un
buen trozo de llubarré.
Con esta captura ponía fin a una injusta y larga sequía con esta
especie, por Blanes la zona por la que habitualmente pesca, no están todavía
muy activas y quizás, son algo más difíciles de encontrar.
| La primera captura del sábado fue la mayor |
Esta primera captura daba el pistoletazo de salida a un jornada, que
creíamos iba a ser excepcional, sin duda lo fue, pero luego llegó la jornada
del domingo…
Carmelo que no dudó en venirse los dos primeros días, también estaba ajetreado y empezaba a tener picadas que se materializaban en capturas de dorada. Durante prácticamente un par de horas no nos dieron tregua, la actividad era frenética. Con la intención de ser algo más selectivos, cambiamos cebos, pasando a la tita de palangre, incluso al cangrejo y variamos las distancias del lance. En vistas de que la cosa no cambiaba y ya teníamos el objetivo inicial cumplido, dimos por concluido el primer asalto.
Carmelo que no dudó en venirse los dos primeros días, también estaba ajetreado y empezaba a tener picadas que se materializaban en capturas de dorada. Durante prácticamente un par de horas no nos dieron tregua, la actividad era frenética. Con la intención de ser algo más selectivos, cambiamos cebos, pasando a la tita de palangre, incluso al cangrejo y variamos las distancias del lance. En vistas de que la cosa no cambiaba y ya teníamos el objetivo inicial cumplido, dimos por concluido el primer asalto.
El planning para el día siguiente también incluía pesca, cualquiera hubiese
repetido playa con el éxito de la jornada anterior. Pero decidimos cambiar de
aires e ir a otra playa, en vista de que en La Pineda era más que probable que
estaría masificada y también, por no “quemar” esa playa.
El sábado volvimos a tocar de pies en el suelo, muchas horas de pesca y
escasas y pequeñas capturas, pero una experiencia más para los tres y una
jornada de la que también extrajimos conclusiones.
El fin de semana llegaba a su fin, pero nos reservaba la guinda del pastel.
Por tercera vez cambiamos de playa, un excelente pesquero que visito de tanto
en cuanto y que a veces da la campanada. El domingo por la tarde si tocábamos
alguna ya sería increíble y no solo las encontramos, si no que los tamaños
fueron más que buenos. Tal y como sucedía el primer día, con la entrada de la
noche hubo la primera picada. Estaba claro quien se haría cargo de trabajar la
posible captura, yo miraba primero el puntero y luego observaba su cara, su
expresión lo decía todo… ya sabía lo que venía al otro lado de la línea, una
cabezona.
El resumen de la jornada fueron 6 capturas, 2 sardos y el resto doradas,
todas ellas cogidas con llubarré, una de las cuales me tocó sacar a mí y que
pronto saldrá en otro post.
