
El por qué de elegir el título de esta entrada es bien sencillo. Desde hacía más de un año y por una engorrosa lesión en el codo (tendinitis), tenía totalmente aparcadas las técnicas que más había practicado en los últimos tiempos, el surfcasting y el rockfishing. Además no había practicado otras, que todo y no ser las que más me apasionan, estaba loco por poder volver a realizar (jigging, spinning, ...).
Después de darle muchas vueltas y no sin perder el miedo a ese primer día, había llegado el momento de recuperar aquellas sensaciones que "había perdido". Así que el reencuentro debía ser de la mejor manera, un buen escenario donde pescar y sobretodo una buena compañía, algo que en ambos casos estaba asegurado.
La idea con la que partíamos, era la de hacer una jornada de pesca vespertina desde las rocas, en busca de pageles, besugos, herreras y con suerte alguna dorada. Por lo que con esa idea nos marchábamos hacia Palafrugell, encontrándonos con Jordi, recogiendo el cebo en su tienda y nos fuimos hasta el lugar de pesca.
Una vez allí y después de darle varias vueltas, decidimos cambiar el lugar de pesca. La posible entrada fuerte de la Tramontana, nos hacía cambiar el planteamiento inicial, cambio de cebos y en parte de equipos.
El lugar elegido fue la playa del Estartit. Es un lugar precioso con la imagen de las Islas Medas en el horizonte. En caso de la entrada del viento, nos permitiría hacer algún cambio de escenario. Con el conocimiento de la zona por parte de Jordi, ésta se presentaba como la mejor opción. Con esto pasábamos de practicar una pesca más o menos rápida, con numerosas posibles capturas y de tamaño contenido, a una pesca más lenta y con la opción de tocar piezas de mayor porte.
Dicho y hecho, con nada más tener 10 minutos las cañas en el agua, Jordi tenía la primera picada de lo que parecía una buena dorada. Así que después de trabajarla con temple, en unos minutos ya esta varada en la arena una excepcional pieza de casi 2,5kg, que había sucumbido a un buen trozo de gusano llobarrero.

Al poco rato era una de las cañas de Jose, la que marcaba una delatora picada. Los cabezazos que iba dando, nos dejaban claro que se tratataba de otra buena dorada. Esta se clavó en un anzuelo cebado con tita y que después de trabajarla durante unos minutos, a escasos 40 mtrs de la orilla, se desanzueló.
Con la caída de la tarde, las pocas picadas y capturas que hubo, se fueron espaciando . Después de mucha espera y ya de noche, ahora el afortunado era yo. Prácticamente en el primer escalón (en el bote), clavaba una lubinita que le entró a la funda (gusana de tubo) con la que tenía calada una de mis cañas. Me hizo mucha ilusión, porque era una pieza que hacía mucho tiempo que buscaba y con los tiempos que corren, cada vez son más difíciles de ver. Al poco rato Jordi cogía otra lubina de mayor tamaño, ésta bastante más lejos de dónde la había clavado yo. Finalmente salió otro lubina más y una herrera. Escasas piezas pero alguna de muy buena calidad. Lástima de la otra gran dorada que se perdió ya que el balance final en cuanto a capturas, habría sido mucho mejor.


Un día sin duda muy especial, aderezado como ya comentaba con una excelente compañía.
Después de darle muchas vueltas y no sin perder el miedo a ese primer día, había llegado el momento de recuperar aquellas sensaciones que "había perdido". Así que el reencuentro debía ser de la mejor manera, un buen escenario donde pescar y sobretodo una buena compañía, algo que en ambos casos estaba asegurado.
La idea con la que partíamos, era la de hacer una jornada de pesca vespertina desde las rocas, en busca de pageles, besugos, herreras y con suerte alguna dorada. Por lo que con esa idea nos marchábamos hacia Palafrugell, encontrándonos con Jordi, recogiendo el cebo en su tienda y nos fuimos hasta el lugar de pesca.
Una vez allí y después de darle varias vueltas, decidimos cambiar el lugar de pesca. La posible entrada fuerte de la Tramontana, nos hacía cambiar el planteamiento inicial, cambio de cebos y en parte de equipos.
El lugar elegido fue la playa del Estartit. Es un lugar precioso con la imagen de las Islas Medas en el horizonte. En caso de la entrada del viento, nos permitiría hacer algún cambio de escenario. Con el conocimiento de la zona por parte de Jordi, ésta se presentaba como la mejor opción. Con esto pasábamos de practicar una pesca más o menos rápida, con numerosas posibles capturas y de tamaño contenido, a una pesca más lenta y con la opción de tocar piezas de mayor porte.
Dicho y hecho, con nada más tener 10 minutos las cañas en el agua, Jordi tenía la primera picada de lo que parecía una buena dorada. Así que después de trabajarla con temple, en unos minutos ya esta varada en la arena una excepcional pieza de casi 2,5kg, que había sucumbido a un buen trozo de gusano llobarrero.

Al poco rato era una de las cañas de Jose, la que marcaba una delatora picada. Los cabezazos que iba dando, nos dejaban claro que se tratataba de otra buena dorada. Esta se clavó en un anzuelo cebado con tita y que después de trabajarla durante unos minutos, a escasos 40 mtrs de la orilla, se desanzueló.
Con la caída de la tarde, las pocas picadas y capturas que hubo, se fueron espaciando . Después de mucha espera y ya de noche, ahora el afortunado era yo. Prácticamente en el primer escalón (en el bote), clavaba una lubinita que le entró a la funda (gusana de tubo) con la que tenía calada una de mis cañas. Me hizo mucha ilusión, porque era una pieza que hacía mucho tiempo que buscaba y con los tiempos que corren, cada vez son más difíciles de ver. Al poco rato Jordi cogía otra lubina de mayor tamaño, ésta bastante más lejos de dónde la había clavado yo. Finalmente salió otro lubina más y una herrera. Escasas piezas pero alguna de muy buena calidad. Lástima de la otra gran dorada que se perdió ya que el balance final en cuanto a capturas, habría sido mucho mejor.


Un día sin duda muy especial, aderezado como ya comentaba con una excelente compañía.